Dentro de Pokémon X / Y

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El juego nos pone de nuevo en los zapatos del chico o chica cualquiera que inicia su aventura Pokémon, porque es lo que todo niño hace en cierto momento de su vida.

Con la actual tendencia en el consumo de información es difícil ignorar algunas cosas, aun cuando muchas veces así lo quisiéramos. En mi caso, soy de los que ya no ven trailers de las películas que espero; es más, prefiero meterme a la sala a ver algo totalmente desconocido y luego –quizá– empezar a saborear todas esas nimiedades que sus departamentos de marketing tanto insistieron en arruinar con mil imágenes y avances, con tal de retener la atención dispersa de un público cada vez más demandante y menos leal.

Bien: los fans de Pokémon no somos ese tipo de gente.

Para bien o para mal, en esta industria no puedo pasar por alto muchas cosas y, aún así, la nueva entrega de Pokémon llegó a mí sorpresivamente y envuelta en una especie de niebla anti-hype. Sí había visto un par de tráilers, me levanté temprano a presenciar cada Nintendo Direct, me había chutado todos las desacreditaciones en redes sociales a las “mega evoluciones”, hasta asistí a una charla con Tsunekazu Ishihara, presidente de The Pokémon Company, y Junichi Masuda, director de Game Freak, el pasado E3. Con todo y lo anterior, cuando recibí mi copia, mi primer pensamiento fue “¿Neta, ya hay nuevo Pokémon?” y así como quien le da a un trago descuidado a una bebida fuerte, lo metí a mi 3DS y empecé a jugar.

No soy ajeno a Pokémon, disfruté como niño pequeño de la primera y original aventura Red/Blue, vi con orgullo cómo la saga crecía con Gold/Silver; después, si bien no de primera mano, me mantuve al tanto de todo lo que siguió. Para cuando me di cuenta, y no había transcurrido mucho, estaba frente a la puerta del primer gimnasio de esta nueva región, con 6 criaturillas en la mochila formando un equipo balanceado –tanto en habilidades como con monstruos nuevos y de generaciones previas–, sabiendo exactamente lo que necesitaba hacer y disfrutando cada mínimo detalle. Pokémon me tenía, y me tiene muy bien entrenado.

Ya Asher les comentó un tanto respecto a las novedades de esta nueva entrega: podemos patinar y movernos más libremente, enfrentar Pokémon en manadas y en combates aéreos; esta vez nuestro entrenador puede vestir con cientos de atuendos y accesorios, el leveling de los Pokémon resulta más sencillo y menos tedioso con métodos como el Intense Training, nuestro acercamiento a estos amigos virtuales logra lazos más fuertes con el modo de cuidados tipo mascota, y la tan criticada Mega Evolution, la cual es temporal y aplica sólo a ciertos Pokémon. Como si Nintendo dijera “sabemos cuánto les gusta Charizard como está pero evoluciónenlo, sientan el boost en sus stats, déjense maravillar por lo vistoso de las transformaciones y luego, vuelvan al viejo buen gran Char sin compromiso”. Ya hablaré un tanto más de todo esto y a mi estilo un poco más tarde. Lo que por ahora me interesa rescatar es que lo mejor de este Pokémon no son las nuevas propuestas, sino todo lo que hace “igual que siempre” y que de algún modo ahora es mejor.

Es cierto que hay muchos pasos que Nintendo no se atreve a dar con esta franquicia pero más que lamentarnos por cada uno, habría que reconsiderar si la marca está para cumplir los caprichos de sus fans, o los propios. Pokémon X / Y regresa en muchos sentidos a ser aquellas primeras versiones roja y azul, tanto así que hasta muchas de las criaturas que en aquél momento alcanzaron la fama, y ese estatus que hace que cada que uno nuevo aparezca alguien diga “la primera generación era mejor”, reaparecen glorificadas. La historia deja atrás las pretensiones y nos pone de nuevo en los zapatos del chico o chica cualquiera que inicia su aventura Pokémon, porque es lo que todo niño hace en cierto momento de su vida, y es lo que Nintendo quiere que todo niño haga en el mundo real. Recordemos que Pokémon es quizá el juego más generacional que existe; eso sí, sin descuidar a los fans, y si a fan-service vamos, Pokemón X / Y también es rey.

El juego nunca se había visto tan bien; el que ahora la cámara nos siga y se coloque en distintos ángulos, así como que el 3D estereoscópico se encienda y apague en algunos lugares no hace más que darme la idea de que Nintendo eligió esta capacidad de su sistema para acentuar el dramatismo de algunas escenas, éstas elegidas por las acciones que desempeñamos en ellas y no por algún elemento argumental. Ejemplo: al entrar a una cueva la cámara se sitúa detrás del personaje y el 3D se activa, la sensación de profundidad y de ser quienes nos adentramos en ella se vuelve casi palpable. El 3D activo en las batallas intensifica cada movimiento. Nintendo nos hace ser buenos actores en esta puesta que propone, no importa qué personaje representemos sino las acciones a realizar, es decir, la mecánica lo es todo. Lo demás es aderezo, y del bueno.

Ver a los Pokémon cobrar vida cuando salen de sus Poké Balls en este nuevo estilo gráfico y con sus perfectamente detalladas animaciones no tiene precio. Cada ataque y personaje están animados ahora de maneras que hacen menos monótonas las batallas y se acercan cada vez más al punto en que casi se ven como si estuvieran respondiendo en tiempo a los movimientos ejecutados. No había sentido algo similar por ver a los pokés en acción fácilmente desde Pokémon Stadium. No hay juego de la serie que visualmente sea tan complaciente como éste y eso se los puedo garantizar, con sólo ver el intro mi cerebro había sufrido una especie de brain-bfreeze de la emoción y lo bien que luce en presentación.

Pokémon es un juego hecho 100% bajo lineamientos específicos, con una fórmula, y el grado de perfección que ésta alcanza en esta entrega es tal que me preocupa lo que mucho que que el juego me conoce. Nintendo hace uso de esa malicia que sólo ellos pueden hacer pasar TAN bien por ingenuidad. Nada ha cambiado, todo es lo mismo y es exactamente lo que muchos queremos jugar, además de que los nuevos aventureros recibirán una aventura acorde a sus tiempos y para atesorar.