REVIEW — Element4l

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Element4l es un juego bastante extraño, en el mejor de los sentidos: es único, así como bello y cautivante.

El concepto de los elementos clásicos ha predominado durante la mayor parte de la historia. La idea de que la materia se subdivide en cuatro clases básicas, aire, agua, tierra y fuego, ha permeado la ciencia y la filosofía desde tiempos presocráticos hasta el día de hoy; aunque ya no tenga valor para la química, seguimos encontrando significado en esto, así como en otros conceptos de la alquimia.

¿Qué pasaría si fuéramos una burbuja? ¿Cómo nos moveríamos, si es que fuera posible moverse? Quizá sólo nos tendríamos que dejar llevar por la corriente. Pero tampoco eso sería tan fácil; estar compuestos de tal fragilidad haría nuestra existencia muy complicada. ¿Qué tal si fuéramos una roca? Pesada y e inmóvil, sucia y en lo profundo de algún agujero. Tal vez sería de alguna utilidad rodar por una ladera. Si pudiésemos combinar estas dos formas a voluntad, podríamos movernos a través del paisaje. ¿Y si pudiésemos cambiar entre los cuatro elementos?

Element4l es un juego bastante extraño, en el mejor de los sentidos: es único, así como bello y cautivante. Es algo difícil de explicar de qué se trata, o qué está sucediendo en él. Sus creadores lo describen como “un juego de plataformas experimental independiente, enfocado en un gameplay fluido y delicado”, lo cual es bastante atinado, pero sigue siendo ambiguo. Es hasta que lo jugamos que entendemos hacia dónde va, ya que ni siquiera un video puede englobar la experiencia que brinda.

Hay cierto malestar al respecto de que los videojuegos se parezcan cada día más a las películas. Muchos desarrolladores olvidan que los videojuegos son básicamente una serie de reglas impuestas al usuario, haya o no haya historia, música o recompensas. Element4l parte de una fuerte premisa de gameplay, casi como un tech demo que aún no tiene ornamentos: uno juega como un ser (si es que se le puede llamar así) o representación de la existencia misma, que se puede transformar en los cuatro elementos clásicos, en forma de burbuja llena de aire, bloque de hielo, roca de tierra, o brasas. Cada una de estas formas interactúa de manera particular con el ambiente, por lo que es necesario aprender muy bien sus propiedades.

El desarrollador del juego lo anunciaba como uno de paz y contemplación, donde no hay enemigos ni armas. Eso es verdad, y hay que agregar que tampoco existen movimientos. Así de simple. Ésa es la parte más realista del juego, que al ser un bloque de hielo, o una roca no nos podemos mover, sólo deslizarnos o rodar en una inclinación, si se es una burbuja, sólo se puede flotar, sin posibilidad de dirigir a voluntad el personaje, o si se es una brasa, sólo se puede caer hasta explotar en cenizas. Todo en el juego se trata de la programación de la física, de calcular tus trayectorias cuando caes, cuando ruedas o te lleva la corriente. Para controlar el juego sólo se puede cambiar entre un elemento y otro, designando un botón para cada uno; no hay botón de avance, ni de salto ni de algo más.

El concepto de “juego indie” no podría tener mejor aplicación que en Element4l. No sólo porque su actitud que guarda poco cuidado por lo que el género de plataformas pueda englobar, sino porque fue hecho prácticamente por una sola persona. Aunque el juego tiene el sello del estudio belga I-Illusions, el concepto, la programación y el arte los hizo una sola persona Dirk Van Welden, a lo cual agregó algunos gráficos del artista Michélé De Feudis, y el magistral soundtrack del productor australiano conocido como Mind Tree.

Visualmente, Element4l traerá a mente Limbo, el también genial juego del estudio danés Playdead: la perspectiva, los paisajes, las distintas capas que forman nuestra visión, el desenfoque y la niebla. La mayor diferencia en este aspecto es quizá que el mundo de Element4l está lleno de color y, por supuesto, de vida. Cada escenario se ve —sinceramente— hermoso, como un lugar donde quisiéramos perdernos. Las texturas y tonalidades logran expresar una gran variedad de estados de ánimo que siempre terminan siendo agradables. Las animaciones son muy llamativas, con luces y efectos que no dejan de sorprender cada que se activan.

Aunque el juego es 100% gameplay, éste es prácticamente la mitad de la experiencia integral de Element4l: la otra mitad es el soundtrack. El estilo se podría definir dentro de lo que se conoce como “electrónica cinematográfica”, con texturas etéreas, loops minimalistas, y melodías sencillas pero memorables. Difícilmente veremos un juego con música tan adecuada y penetrante. Mind Tree logra una atmósfera sutil y carente de contrastes; cada track progresa desde una tranquilidad parecida al silencio, hasta un conmovedor festejo de la vida.

El aspecto que quizá pueda alejarnos un poco del juego es su gran dificultad, aunque esto no tiene por qué ser algo malo. Cada mapa está compuesto de obstáculos como cavernas, volcanes, cascadas, montañas y más cosas que podamos imaginarnos, y para poder atravesarlos es necesario forjar una estrategia tipo puzzle, usando únicamente las transformaciones entre elementos, siempre en el momento preciso. Hay algunas escenas bastante demandantes, que ante la falta de paciencia se vuelven frustrantes, ya que es si es fuego o burbuja, uno muere al más ligero contacto con otro sólido, y si se es hielo o roca, uno puede quedar encerrado en algún hoyo. Cuando uno muere, reaparece automáticamente en el último checkpoint del nivel, por un número de veces indefinido, hasta llegar al final. La única diferencia entre el modo normal y el fácil es que en el segundo hay más checkpoints en los mapas.

En caso de considerar que haya una historia en el juego, sólo podríamos decir que es muy abstracta. Uno comienza sólo con la forma de burbuja, y debe hacer contacto con los demás elementos, para luego comenzar a juntar partes de una especie de alma. Cada nivel tiene una serie de objetos escondidos que dan cierto valor de rejugabilidad para quienes lleguen a la meta. Además, existe el modo de carrera, donde uno compite contra otro usuario en línea.

Nota: Para esta reseña se utilizó la versión de Steam×

Faltan palabras para describir la experiencia —casi espiritual— que puede ser Element4l. Un juego que, a pesar de su dificultad, te lleva por distintos estados de ánimo y te hace sonreír cada cinco minutos sólo puede estar haciendo las cosas bien. Es una lástima que haya tan pocos juegos como éste. Además, el precio es casi un regalo, menos de diez dólares y además, al comprarlo directamente del desarrollador, la descarga del soundtrack es gratuita.

Ojalá que Elemtent4l no pase desapercibido y que su estudio siga haciendo más juegos; lo más seguro es que hagan cosas más extrañas y emotivas, con ideas únicas y trascendentes.