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Canas verdes en los videojuegos: 2001 – 2020

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El siglo XXI también nos ha traído diversos juegos que se han caracterizado por su elevado grado de dificultad y por ofrecernos experiencias altamente retadoras que no están hechas para todos los públicos. En esta entrega recordaremos algunos de los títulos más exigentes en la época moderna.

Ikaruga (2001): El matamarcianos de Treasure se convirtió en todo un éxito gracias a su frenética jugabilidad y a su sistema de cambiar la polaridad de las armas de acuerdo al grado de vulnerabilidad de los enemigos.

F-Zero GX (2003): La entrega de las carreras futuristas en Gamecube nos ofrecía un modo historia muy difícil y se necesitaba de altas dosis de paciencia para manejar la nave a la perfección y que no tuviera giros bruscos.

Devil May Cry 3: Dante’s Awakening (2005): Ninguna de sus entregas supera a la tercera, toda vez que Capcom apostó por unos enemigos muy inteligentes y se necesitaban fantásticos reflejos para derrotarlos. La dificultad se ajustó con el relanzamiento de Devil May Cry 3: Special Edition.

God Hand (2006): Este Proyecto de Capcom fue un fracaso comercial pero su sistema de ajuste automático al desempeño generó gran impacto. Según fuese la destreza del jugador, se modificaba la dificultad y nadie se escapaba del nivel más alto, denominado “Die”.

Ninja Gaiden II (2008): Tecmo sorprendió a los jugadores con el reboot de la saga para el Xbox original, sin embargo, la segunda entrega que arribaría a Xbox 360, dejó huella por la extrema intensidad de los enemigos.

Spelunky (2008): Explorar una gran variedad de cuevas en busca de los tesoros no está exento de pelear con diversos enemigos y afrontar un sinfín de trampas que pueden llevarte a reiniciar el nivel. Conseguir un progreso al cien por ciento, puede llevar alrededor de 200 horas.

Super Meat Boy (2010): El violento título indie no se caracteriza por ser una aventura de plataformas sencilla; para superar cada nivel es necesario repetirlo varias veces poniendo a prueba la destreza y precisión de los movimientos.

Dark Souls (2011): Las sagas creadas por From Software siempre han sido sinónimo de una elevada dificultad. El título producido por Hidetaka Miyazaki no fue la excepción y aunque con práctica podías mejorar tus habilidades, en más de una ocasión morimos cruelmente.

The Witness (2016): El puzzle imaginado por Jonathan Blow puede ser terminado rápidamente, pero completar todos los rompecabezas es una tarea exhaustiva para la mente del ser humano.

Nioh (2017): Para muchos videojugadores esta experiencia representa un mayor reto que las sagas Souls o el propio Bloodborne. Sin duda, la gran adición que diferenció a este título de sus competidores, fue la funcionalidad denominada Ki Pulse.

Cuphead (2017): El entorno caricaturesco de los años sesenta lucía espectacular pero no quiere decir que fuera accesible para todo el público. Difícil de olvidar las batallas con los jefes finales en donde solamente tienes tres puntos de vitalidad.

Super Mario Maker 2 (2019): Si bien la campaña principal tiene una curva de aprendizaje moderada, las creaciones de los usuarios alrededor del mundo han permitido descubrir niveles que remotamente se podrán superar.

Sekiro: Shadows Die Twice (2019): Proviniendo del mismo equipo de desarrollo de Dark Souls, no se podía esperar algo diferente respecto a lo difícil que era batir su campaña.

Los juegos altamente competitivos seguirán teniendo un papel representativo en la industria y es de esperarse que nuevas producciones como el anticipado Elden Ring, apuesten por ofrecer una experiencia de superación constante en donde haya que repetir continuamente diversos niveles para poderlos superar.

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José Celorio