Review — Assassin’s Creed IV: BlackFlag

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ReviewACBFAssassin’s Creed está de vuelta con su cuarta entrega oficial numerada, esta vez situada durante la era dorada de la piratería marítima. El arco argumental que protagonizaba Desmond Miles concluyó en el juego pasado y ahora controlamos a un héroe sin identidad que en el mundo actual recolecta información para una película de piratas, mientras que en las memorias revivimos las hazañas de Edward Kenway, un pirata con sus propias intenciones que se involucra con la orden de asesinos tras robar las ropas de uno de ellos.

Les seré sincero respecto a mi experiencia con Assassin’s Creed. Cuando la franquicia inició caí en sus redes como –quizá– cualquier otra persona en su momento: la mezcla de juego, acción con sigilo y mundo abierto, los altísimos valores de producción, una historia moderna y su inigualable propuesta de precisión histórica lo hacían un producto fresco y complejo que sin duda marcaba un aquí y ahora para la generación de consolas y sus jugadores. Luego vino “II” con todas sus mejoras: un enorme salto en capacidades técnicas y más complejidad habrían de definir a partir de ese momento lo que conoceríamos como la fórmula AC. Después salieron un montón de títulos que en buena medida me hicieron perder el interés en la serie, los vi de reojo, me mantuve al tanto (como si pudiera ignorarlos) pero realmente ya no me emocionaba como antes. Lo que fue claro durante toda ese tiempo es que la franquicia había madurado y aprovechaba la increíble maquinaria que tenían detrás para generar propuestas que llegarán a toda la gente, fueras quien fueras, y te gustara lo que te gustara, habría –tarde o temprano– un Assassin’s Creed para ti. A lo que quiero llegar con este párrafo, que ya se extendió más de lo que debería, es que ese punto fue y es crucial para entender el interés que el juego pueda generar actualmente en el público, y así también el éxito que vaya a tener.

Éste es el Assassin’s Creed para quienes les gustan los piratas.

En la previa entrega de AC se terminó la saga de Desmond, el protagonista de esa serie –a través de las memorias de sus antepasados– fue de la época de las cruzadas a la revolución americana, del viejo al nuevo continente, saltando tejados, montando a caballo y conduciendo navíos. Parece que Ubisoft se quedó con ganas de explorar más lo último y, para este nuevo juego, se inventaron una historia centrada en una temática y periodo histórico que pudiera explotarle al máximo; ¿qué mejor que la era dorada de la piratería naval?

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En Assassin’s Creed IV controlamos a Edward Kenway. Edward no es sólo un pirata, también es un hombre que ama a su pareja, un británico cansado de las dificultades y complicaciones de la vida cotidiana; por ello, se involucrará con el credo de los asesinos, combatirá a los templarios y, en algún punto, su descendencia engendrará a Connor (protagonista de ACIII). Pero antes que cualquiera de esas cosas, Edward Kenway es un pirata. Y como pirata, Kenway es un hombre entregado al mar, a costumbres poco confiables y a su búsqueda de fama y riqueza que no conoce descanso ni precio demasiado alto.

La actitud ante la vida de Kenway se refleja al jugador y es una de las características más mágicas de BlackFlag. Muchos estábamos muy interesados en las aventuras piratas del personaje y nos preocupaba un tanto que la parte “Assassin’s Creed” del mismo nos privara de las posibilidades de esa prometedora premisa. Afortunadamente, éste no fue el caso. BlackFlag equilibra más que bien ambos componentes que conforman la historia del juego e incluso da más peso a la parte de las memorias, la vida pirata, restándole incluso a las partes desarrolladas en la actualidad, tanto que ahora somos un sujeto sin cara ni nombre, interactuamos como si los desarrolladores hubieran pensado en la posibilidad de eliminar del todo estos segmentos del juego, pero no se hubieran atrevido del todo. Kenway es mucho más interesante por el simple hecho de que es libre, o se toma muy en serio su persecución del ideal de la libertad.

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Como el pirata, recorreremos los mares caribeños con casi entera libertad de ir a donde queramos y hacer lo que más nos plazca. Seguro, tendremos objetivos que obedecen a una línea argumental bien definida y que cuenta la historia de cómo Edward se enrola al credo de asesinos y cómo junto a ellos debe impedir que los templarios se hagan de “el observatorio”, un lugar legendario que brinda el poder de espiar a quien sea, en cualquier parte del mundo; pero la verdadera esencia del juego, para quien se abra a disfrutarla, es la exploración del vasto mar y las islas regadas por ahí con los secretos, tesoros e historias que esconden. BlackFlag se parece mucho a Zelda: The WindWaker, con un skin realista y temas más maduros.

Las herramientas que tenemos para llevar a cabo esta gran aventura son exactamente las mismas que podemos esperar de un título de la serie, la ya conocida y bien ejecutada fórmula Assassin’s Creed. Podemos recorrer caminando o corriendo los entornos y, mientras vamos corriendo, tenemos acceso a movimientos del atleta de parkour mejor entrenado, con los cuales se puede trepar, saltar y en general desplazarse con mayor eficacia en el terreno, sean árboles, construcciones, rocas; nada es suficiente obstáculo para las capacidades de Edward. Incluso el movimiento se ha simplificado de manera que ya no tenemos que presionar un botón para lograr cada salto o peripecia, basta con sostener el stick en la dirección correcta y las hazañas ocurren automáticamente.

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Por otra parte, el combate recibió unos ajustes aquí y allá, pero en general también sigue siendo el que ya conocemos, se incorporaron espadas largas y cortas, las clásicas navajas retráctiles y una que otra arma de fuego de la época, traicioneras y efectivas como deben de ser en las manos de un pirata. Eso sí, la variedad de armas y equipo a nuestra disposición se ha recortado severamente, al menos a comparación de las entregas más recientes. La variedad de estos ítems quizá frustre a algunos exigentes, pero en realidad no son tan necesarios: todo se compensa con lo añadido a las batallas en el mar a bordo de barcos y en que el juego ahora se enfoca un poco más en su tipo de juego stealth, sobretodo aprovechando las posibilidades que proporciona la vegetación con la que la mayoría de las locaciones del juego cuentan.

En el mar es otra cosa. El control de las embarcaciones es tosco (como el que estos navíos ameritan) y se siente congruente a lo que vemos en pantalla. Los barcos tienen tres velocidades con las cuales puedes recorrer los mares; las primeras dos marcadas por cómo se conduce y la tercera es una súper velocidad permitida gracias a la manipulación del Animus, es decir, se trata de un fast forward tramposo que ayuda a llegar más rápido a ciertos lugares a quienes tengan prisa. En lo personal no lo recomiendo, ya que la experiencia de navegación es precisamente uno de los grandes atractivos del juego.

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Además de conducirlos, los barcos permiten combate a bordo de ellos y con otras naves. Esto se logra acercándose a la embarcación enemiga y utilizando cuerdas, cañones y –cuando les dañamos lo suficiente– la ocupación de las mismas. Podemos hundir enteramente navíos enemigos o conquistarlos para reclamar sus materiales y hasta tripulación. Esto último es importante pues, además de los Reales (la divisa en el juego), necesitaremos materiales y minerales para reparar, reforzar, mejorar y hacer crecer nuestro transporte. La conquista de barcos adicionales nos permite repartir nuestra tripulación en ellos, incluso nombrar capitanes a nuestro servicio; estos no tienen una participación directa en, digamos combates, pero sí nos ayudan a hacernos de una reputación y progresar con nuestra presencia en altamar.

Tanto los vehículos como el mismo Edward, cuentan con un sistema de mejoras que se van adquiriendo con el avance en el juego y nuestro desempeño en él. Algunos podrán sentir este progreso un tanto más lento respecto a entregas anteriores de AC, y lo es; en general el título cuenta con un ritmo lento –y que se puede hacer más lento según nuestra toma de decisiones o disposición para tomar misiones– pero que va de acuerdo a la temática. El juego desquita en este sentido al dar acceso al jugador a su mundo abierto mucho más temprano que en cualquier otro juego de la serie.

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El mundo a explorar es vasto, de hecho, la primera vez que abres el mapa es bastante intimidante alejar la perspectiva y ver cuán grande es en realidad. Cabe señalar que yo jugué la versión de Wii U para escribir esta reseña; para ser sinceros quería esperar a tener mi PS4 para jugarlo ahí pero, al verme en la necesidad de elaborarla cuanto antes, elegí la plataforma de Nintendo por las características de su control y por ser la versión más cercana a la next-gen de momento. En Wii U el mapa y los elementos que componen la interfaz de usuario se trasladan a la pantalla del Wii U gamepad, dejando la vista en la TV limpia para disfrutar al máximo de lo que el juego visualmente ofrece, que es bastante.

Los escenarios son hermosos: las islas caribeñas y las secciones acuáticas que las unen están plenamente representadas con su flora y fauna y el clima dinámico da el toque exacto para disfrutar de la mayor inmersión en este mundo pirata. Todas éstas serán características que mejorarán y lucirán bastante en las consolas de siguiente generación; en especial el apartado climático. Durante el pasado e3, me dieron una demostración del juego ya corriendo en la PlayStation 4 de Sony y es brutal, en el mejor de los sentidos. Por ahora, quien elija jugar alguna de las versiones del título ya disponibles no se decepcionará del todo. El juego es menos vistoso en texturas aquí y allá, hay un manejo de sombras extrañas, sobretodo en la plataforma de Microsoft y otras nimiedades. En general, el juego en Nintendo Wii U luce y funciona bastante bien, si tienen la consola tal vez quieran incluso optar por esta versión como yo lo hice… o tacharme de loco.

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El soundtrack también es de destacar. Uno pensaría que un juego de este estilo simplemente cumpliría en este apartado, pero ACIV se preocupó por brindar una experiencia sonora muy adecuada a la aventura de esta entrega. Un gran detalle es que, cuando navegas, puedes hacer que tu tripulación cante algunas canciones de la vida en el mar, justo como esperaríamos de un producto con la temática. Éstas canciones las irás desbloqueando al encontrar las partituras para conocerlas y, por cierto, no son pocas. Tanto los cantos ya mencionados como la musicalización de los ambientes del juego dejan buena impresión, muy verosímil, y hasta se pueden quedar en tu cabeza: te descubrirás reproduciéndolas cuando menos te los esperes.

Las figuras históricas incluidas esta vez en el juego son, como era de esperarse, personas que realmente existieron y que tendrán un papel importante en nuestra historia. Si bien sus representaciones están infladas por los mitos y leyendas que les rodean, además de los que este juego propone, sus representaciones son fieles a lo que la historia recuenta de ellos y son precisas en muchos aspectos. Nos encontraremos con personalidades como Calico Jack o el mismísimo Edward Thatch, el temido capitán pirata “Barba Negra” para quienes no identifiquen su nombre. El juego cumple su misión de compartir unas cuantas lecciones de historia muy a su modo, pero para quien se interese puede fungir como un buen indice de temas y personajes a investigar. Assassin’s Creed siempre ha dado gran importancia a su contexto histórico y hay un aura particular de encanto que esta vez decidieron abordar. Dénse una oportunidad de conocer los eventos de La Gran Era Pirata (no confundir con la de One Piece..) y casi puedo garantizarles que no se arrepentirán.

Además de las representaciones de personajes históricos reales, BlackFlag cuenta con un buen reparto de figuras ficticias creadas exclusivamente para la trama del juego. Sin llegar a ser la octava maravilla, todos estos personajes tienen sus papeles perfectamente delimitados y están bien construidos, por lo que es fácil aceptarlos e identificarse con ellos.

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Por si fuera poco, el juego también cuenta con la opción de multiplayer; si este apartado es de su interés quizá sí convenga optar por una versión de Xbox, PC o PlayStation 3, y es que, aunque mis experiencias en línea fueron en general buenas y sin mucha dificultad para encontrar y sostener partidas, todos sabemos que habrá mucho más gente jugando en cualquiera de las otras plataformas. El modo cuenta con dos tipos de juego a desempeñarse por equipos, Manhunt y Artifact Assault: en el primero nos enfrente en equipos de cuatro personas por turnos para dar caza al equipo contrario, aprovechando el estilo stealth del juego y dando la victoria al equipo con mejor desempeño; el segundo es una variación del clásico “captura la bandera” de muchos juegos, utilizando las características únicas del gameplay de la franquicia. Ninguna es nada del otro mundo pero es de reconocer cómo la serie se apega a rescatar lo que hace buenas sus campañas y lo integra al multijugador. Personalmente esta modalidad no es algo que disfrute o sobre la cual base mi gusto por el juego: la campaña es mucho más atractiva, y es por eso que reitero que no me arrepiento de optar por su versión para la consola de Nintendo.

Assassin’s Creed IV: BlackFlag es sin duda toda una experiencia, una que disfrutarán más aquellos a quienes de entrada todo el tema de los pirates les resulte atractivo, pero que no excluye a otros jugadores de disfrutar de su propuesta. Si bien no competirá con otros juegos sandbox más complejos que hay ahí afuera, su opción de mundo abierto es una de las más disfrutables que podremos ver en esta generación de consolas y en las que vienen.

El gameplay es el mismo que ya conocemos, original y fiel a su fórmula, quizá éste puede ser un punto flaco para algunos ya que las propuestas innovadoras son ínfimas y las que sí se hicieron no terminan de zarpar del todo. Ejemplo: el tema de las batallas navales es muy bueno, pero se torna monótono pronto. Ubisoft creo la simulación de vida pirata más entretenida y mejor presentada que posiblemente exista a la fecha, pero tal vez ésta se hubiera visto completada totalmente si las partes correspondientes a “la realidad” se hubieran eliminado completamente del título. Aunque claro, eso tal vez lo convertiría en un juego que no debiera llevar el nombre Assassin’s Creed.

Nota: Para esta reseña se utilizó la versión de Wii U×

La apuesta con BlackFlag es ambiciosa y sin duda nos gustaría ver su potencial alcanzado, quizá en una secuela de este mismo arco argumental. Nos falta también ver qué tanto mejora en consolas next-gen, pero por ahora nos deja con muy buena impresión. Si los piratas no son de su agrado hagan como yo y sigan esperando; eventualmente –y si Ubisoft sigue tratando la serie como hasta ahora– llegará el Assassin’s Creed con ninjas, zombies o dinosaurios que les de justo en el clavo.