Las 25 mejores películas de anime. Pt. 2

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Por: Pamela Lima

Continuamos con nuestro conteo de las 25 mejores películas de anime que, para variar, ¡no incluyen ningún título de Studio Ghibli!

Estas cintas que recopilamos son un claro ejemplo de lo que Japón ha hecho por su cuenta, apelando y no al público occidental, y que han marcado la historia no sólo de la animación, sino de la cinematografía en general. Desde cuentos de ensueño, pasando por acción feudal y drama de fantasía, estas cintas han dejado un importante legado que nadie debe perderse.

10.- Into the Forest of Fireflies’ Light (2011)

La obra más famosa de Yuki Midorikawa podrá ser Natsume Yujin-Cho, pero la delicadeza que alcanzó en esta corta película (roza los 40 minutos de duración) es única, no sólo por el sentimentalismo que la caracteriza, sino por el uso del folclor japonés en un romance.

En la película conocemos a Hotaru, quien siendo muy niña se pierde en el bosque durante unas vacaciones en las que visita a su familia. Ella será salvada por Gin, quien le revela ser un yokai que puede vivir eternamente, siempre y cuando nunca toque a nadie. Su relación se transforma en un amor que es imposible de raíz, pero esto no le resta ningún mérito a su desenlace. En cuestión técnica y artística, su director Takahiro Omori supo trasladar de un modo perfecto su hermosa línea de arte, donde los escenarios se notan hechos casi a la perfección y van de la mano con la tragedia de esta cinta.

Into the Forest of Fireflies’ Light es un recordatorio del poder que tiene la animación para despertar emociones en las manos correctas; lo que a nuestros ojos se transmite en un amor sobrenatural.

 

09.- The Girl Who Leapt Through Time (2006)

Madhouse siempre ha tenido un excelente ojo para sus películas, pero con la novela de Tsutsui Yasutaka debían alcanzar algo nuevo, ya que la obra original de 1967 había recibido adaptaciones en varios formatos como el dorama, miniseries y más. Es decir, no se estaba jugando con un material nuevo, sino con algo que ya se había establecido en la memoria colectiva de los japoneses.

Así que cuando decidieron contar la historia de Makoto, una chica que aprende las consecuencias de poder viajar en el tiempo, decidieron cambiar su personalidad a una más alegre y darle rienda suelta a su equipo técnico. The Girl Who Leapt Through Time es un recordatorio (más) de que no importa qué tanto desees cambiar tu destino, lo mejor es hacerlo a la antigua: viviendo tu presente de la mejor manera.

 

08.- Antologías de Katsuhiro Otomo: Neo-Tokyo (1987) y Memories (1995)

Podrán pensar que esto es “trampa”, pero piénsenlo dos veces; cuando dos obras del mismo creador tienen tantas similitudes, nos parece adecuado que ambas se encuentren en el mismo lugar, principalmente porque se complementan entre sí. Estas antologías obras de Otomo-san son realmente peculiares y todo un hito en la animación a nivel internacional, ya que pudieron reunir artistas de la talla de Rintaro (Astro Boy, Phoenix), Yoshiaki Kawajiri (Wicked City, Vampide Hunter D: Bloodlust), Kouji Morimoto (The Animatrix, Fist of the North Star) y Tensai Okamura (Darker Than Black), incluso a Satoshi Kon como guionista.

Pero la antología va más allá de un fanservice de creativos; no, no es solo una exploración de sus capacidades, sino también una oportunidad para ideas y personajes que quizás no podrían representarse de otra manera que no fuese en anime. Tenemos a Neo-Tokyo con transiciones extrañas que, al final del día parecen no estar tan conectadas, mientras que Memories es la cúspide de sus colaboraciones.

Tal y como la sociedad occidental venera antologías como The Twilight Zone (1959) o recientemente Black Mirror (2011), en Japón tienen estas historias, que van desde divas de la ópera que juegan con exploradores espaciales, pasando por pilotos que usan telequinesis para derribar a sus rivales, hasta cuestionar la ética sobre las armas, el adoctrinamiento militar y crítica social sobre los ataques químicos. Estas son obras esenciales que nadie debería perderse.

 

07.- Redline (2009)

Muchos afirman que la genialidad nace del caos y es bajo este supuesto que Redline tiene su origen, siendo la ópera prima de Takeshi Koike que le da un significado diferente a las explosiones en la animación. El principal motivo para ver Redline es cómo se pueden dar tantos giros al género de acción (que parecería genérico en la época contemporánea) y cómo se puede abordar una explosión de maneras tan, ¡pero tan distintas!

En 2015, George Miller dio una clase magistral al hacer de una persecución el hilo conductor en Mad Max: Fury Road, pero ya en 2009 Koike-san hacía de una sola carrera toda su película. Así, vemos en pantalla a JP, un chico que no desea otra cosa que ganar una carrera sin reglas. Los colores y el nivel técnico de Redline es sorprendente (no por nada duró siete años en producción) y termina siendo un deleite visual que no necesita mayores explicaciones, lo cual acompañado del diseño de personajes de Katsuhito Ishii le da una personalidad que arrasa desde el primer momento. Si las Wachowski quisieron apoderarse de Mach GoGoGo en 2008, quizás se debieron replantear dejar la locura al volante en manos de Japón.

 

06.- Jin-Roh: The Wolf Brigade (1999)

Si Alemania hubiese ganado la Segunda Guerra Mundial, ¿cómo sería el mundo? No, no hablamos de Wolfenstein: The New Order (2014) sino del manga Kenrou Densetsu de Mamoru Oshii, el cual inspiró a esta película donde una lucha entre fuerzas militares y policíacas le da un nuevo enfoque al cuento de Caperucita Roja.

En Jin-Roh conocemos a Kazuki, quien forma parte de las fuerzas policíacas y un día se ve incapaz de cumplir con una orden: exterminar a una niña que habrá de inmolarse en un acto que las autoridades califican como terrorismo. A partir de ese momento, Kazuki se cuestiona el sistema militar en el que vive y qué tan dispuesto está a perder su dignidad y sensibilidad a costa de seguir instrucciones. La película no está hecha para cualquier audiencia, pues aunque se ha criticado su ritmo lento, resulta imperdible como parte del panorama de animación japonesa; sus colores fríos tienen el poder de envolverte en su aura deprimente, mientras que la música (grabada por la Orquesta Filarmónica de la República Checa) es una delicia para el oído.

Su director, Hiroyuki Okiura, dejó prácticamente de lado las adaptaciones que se habían hecho en 1987 y 1991, para demostrar que si el producto original es bueno, los cambios (hechos con sus justas proporciones) pueden sentar todavía mejor.

 

05.- Your name (2016)

La obra más reciente de Makoto Shinkai no sólo ha batido récords de audiencia y taquilla, sino que es un reflejo de la madurez que ha alcanzado como director, guionista y animador. Fue durante la década pasada que 5 Centimeters Per Second enloqueció a los otakus de occidente, pero el drama tenía un tono más desgarrador y la fantasía quizás carecía de explicaciones. En Your Name, Shinkai-san vuelve a utilizar uno de sus recursos favoritos, el folclor japonés, para contarnos la historia de Mitsuha y Taki, dos jovencitos con realidades tan distintas, que habrán de cruzarse cuando intercambien cuerpos.

Pero hablemos más a fondo de su técnica, pues Shinkai-san recurre a elementos como la sección aurea, las vistas panorámicas y ángulos de cámara fantásticos que sin duda son apreciadas más allá del público otaku. ¿Quién necesita CGI cuando puedes darte el lujo de hacer animación tradicional de la más alta calidad? Makoto-san da una lección a los creadores occidentales que reafirma su nombre y su posición como uno de los mejores en el mundo.

 

04.- Ninja Scroll (1993)

Jamás el Japón feudal tuvo un rostro tan oscuro como el que Yoshiaki Kawajiri le dio con Ninja Scroll, una de las animaciones que continuaron lo que Akira (1988) había empezado: apelar a la audiencia fuera de Japón. En Ninja Scroll vivimos la jornada de Jubei y Kagero, quienes se ven involucrados en una lucha de poderes contra el shogunato Tokugawa y sus Ocho demonios de Kimon, todos ellos con poderes sobrenaturales. Quién habrá de ganar y cómo se pone en tela de juicio una vez que entiendes el verdadero trasfondo de la cinta; no se trata solo de acción y katanas.

Ninja Scroll es realmente una radiografía social y análisis de cómo Japón llegó hasta donde estaba en ese momento, una potencia que vivirá (¿hasta cuándo?) con las consecuencias de sus decisiones en la Segunda Guerra Mundial. Pero, ¿cómo es que dos períodos de tiempo tan distintos pueden estar conectados? Al haber salido en 1993 y con temática feudal, no es más que un recordatorio de la inmundicia de la corrupción y las atrocidades que pueden hacerse para estar en el poder, en una tierra que se jacta de apreciar la honestidad.

Las civilizaciones estamos condenadas a repetir nuestros errores si no aprendemos de ellos, y en Ninja Scroll eso se ve justamente en sus personajes.

 

03.- Neon Genesis Evangelion: The End of Evangelion (1997)

Llegamos a Evangelion, sí, aquella obra que por más de dos décadas ha tenido a su audiencia tratando de descifrar qué diablos significa todo lo que GAINAX/kharas y Hideaki Anno quisieron exponer en su manga y animación. No hace falta tampoco decir que el trazo de Yoshiyuki Sadamoto se estableció por completo en esa obra, pero cuando se le dio un “final” a su anime, más de uno se quedó insatisfecho.

Lo que tiene The End of Evangelion es que ofrece una alternativa a lo que ya de por sí puede ser imposible: dar un final que le guste a los fans de la saga. Y es que son tantas las teorías sobre los simbolismos de la obra que podríamos decir que, quizás, Evangelion significa lo que tú quieres que signifique; o mejor aún, que no fue hecha con el propósito de ser descifrada. No hay una lógica binaria de “falso” o “verdadero”.

Así, en esta película vemos a Shinji tomar una “decisión correcta” (¿es Evangelion un cúmulo de estas oportunidades para Shinji?) y hacerle cara al Tercer Impacto, en el que Rei Ayanami/Lilith está por reducir a todos a una conciencia colectiva. Hideaki Anno tuvo el olfato necesario para capturar el signo de su tiempo y que, incluso ahora, se siente como si se hubiese estrenado ayer.

 

02.- Akira (1988)

Cuando Katsuhiro Otomo vio la primera versión de Akira (sin la música de Tsutomu Ohashi) pensó que sería un fracaso; sí, un fiasco que se había derivado de tantas ideas que al final no pudo llevar a cabo, especialmente tras la naturaleza de su obra como una antología, no una historia que se lee de punto A al punto B.

Pero ya sabemos cómo va la historia; Akira terminó por convertirse en la puerta de entrada para las películas animadas, nacidas en Japón, hacia occidente con gran éxito bajo el brazo. Y es que ser del gusto de este lado del mundo es difícil, pero no imposible, ya que Otomo-san incursionó al demostrar que una cosa es occidentalizar y otra diluir el mensaje original.

Akira tiene un mensaje propio; un mensaje de brutalidad en la cual viviríamos los humanos (representados como los vestigios de Neo-Tokyo) en caso de ocurrir una nueva catástrofe nuclear. En efecto, tiene elementos sobrenaturales que lo tornan más interesante, pero como ficción cuenta con una perspectiva madura que no teme darle un rostro a la anarquía ni la corrupción de un gobierno. En este caso, es el contraste entre Kaneda y Tetsuo, quienes a su vez están inspirados en Tetsujin 28-go, incluso por Alejandro Jodorowsky.

Este 2017, estamos a tan sólo uno de los 30 años que nos separaban del futuro cyberpunk y pos apocalíptico de la película, en un momento histórico donde las guerras suenan lejanas, pero los conflictos sociales y la lucha de género son palpables en cualquier ámbito de la vida. Akira funge casi como profecía de lo  que sucedería con nosotros los humanos, divididos, víctimas de nuestra propia naturaleza bélica.

 

01.- Perfect Blue (1997)

Mima Kirigoe es la chica del momento; la chica que todos aman, pero estar en un grupo de chicas cantantes no le es suficiente, por lo que cuando abandona el nido y decide buscar una carrera como actriz, quizás no se imaginaba lo desastroso que esto sería. Esta es la premisa de Perfect Blue, el debut del extrañado y ya legendario Satoshi Kon, que daría un giro completamente diferente a lo que se venía haciendo en la animación nipona: un thriller de aspectos psicológicos.

Desde su ópera prima, Kon-san tenía muy claro lo que quería abarcar: la violencia, la crítica social y por supuesto, esa delgada línea que divide la realidad de la ficción. O quizás diluirla, pues en Perfect Blue somos testigos de cómo Mima es víctima de un juego del cual no saldrá bien librada. En su momento, Satoshi-san tuvo que trabajar con un presupuesto grande que disminuyó cuando Madhouse (su productora) sobrellevó el proyecto después del terremoto de 1995 en Kobe; siguiente, encontrar a un guionista que se atreviera a adaptar la novela de Yoshikazu Takeuchi al punto en que se sintiera cómodo para hacerla en formato animado.

Fue Sadayuki Murai quien se haría cargo de dicha labor, una que tendría momentos escalofriantes para presenciar en pantalla; la historia de Mima es una de delirio y engaño, que empieza con una analogía perfecta: su reflejo en el espejo, el cual muestra lo que Mima querría estar haciendo en vez de estar sobre el escenario siendo cantante. Perfect Blue es una crítica a la fama, al mundo de las apariencias, donde cuestiona si puede existir ética profesional cuando las grandes compañías dictan qué, cómo y por cuánto vamos a consumir.

La violencia en la cinta no se presenta sólo porque sí, al contrario, también es un fuerte pilar para comprender el horror por el que Mima está atravesando; hay humillación en el acto, pero también se comprende la valentía de Satoshi Kon para utilizarlo en una obra que no busca animar al espectador, sino sumergirlo en un mundo depresivo y macabro donde la fama tiene un precio alto, quizás demasiado.

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