REVIEW — Pacific Rim

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Como se está volviendo costumbre, esto es una manera de promocionar la película mediante un producto de escasa calidad.

Dos intentos de que los videojuegos se cuelguen de películas en unos cuantos días, eso ya es un récord para mí. Sin embargo, el problema no es que el concepto se desvirtúe en pos de la ganancia económica, sino más bien su pésima ejecución: la presión por tener el producto listo a la par que la exhibición en cines, y un claro desinterés, hicieron pedazos el proyecto.

Pacific Rim es algo de lo que ya hemos hablado. Una cinta que les recomendamos ver si es que gustan del anime, los mechas y si tienen el criterio suficiente para no reclamar cada referencia que ven, porque de eso se trata. Bien, era obvio que la premisa de robots enormes agarrándose a trancazos contra monstruos tamaño familiar daba para un videojuego.

El encargado de la producción, pocas veces con un sentido tan industrial como ahora, fue el estudio nipón Yuke’s. Con una fama lograda con juegos populares de lucha libre como la serie WWE, así como proyectos realmente buenos como la saga Wrestle Kingdom, podríamos suponer que el combate entre armatostes y monstruos de otra dimensión les saldría tan bien como entre hombres de dos metros; o al menos daría la esperanza de que tal bagaje ayudara a solventar un juego mínimamente digno.

La idea no podría estar más equivocada:

Lo que presenta Pacific Rim: The Videogame es una propuesta poco ambiciosa, que se limita únicamente a representar las peleas entre los personajes en escenarios pocos variados, y un gameplay poco pulido. Como se está volviendo costumbre, es una manera de promocionar la película mediante un producto de escasa calidad, pero que reditúe en unos pesos para los involucrados.

La buena noticia: hay jaegers y kaijus. La mala: son pocos y pelean muy feo.

Sé que mueres por hable del gameplay. Aquí vamos: Puedes controlar a un jaeger (robot gigante) o a un kaiju (las bestias enormes). Puedes realizar, movimientos básicos, golpes rápidos o impactos lentos, pero más poderosos. Tienes la capacidad de bloquear y evadir. Finalmente, con la suficiente energía reunida, puedes hacer ataques de alto poder.

No es que la inteligencia artificial de los enemigos añada dificultad, simplemente la respuesta del sistema no es la adecuada y termina siendo más molesta que desafiante.

Tienes, de entrada, a tres jaegers y dos kaijus: Gypsy Danger, Cherno Alpha, Crimson Typhoon, Leatherback y Knifehead. Todos ellos gigantes, lo cual explicaría cierta lentitud en el juego. Lo que no es justificable es que dicha desaceleración se debe más a una pobre respuesta de los controles que a la física del título.

Presiona un botón y tendrás el golpe con fracciones de segundo de retraso. Aplica un comando y reza para que el sistema lo identifique. Añade a estos líos un sistema repetitivo en el que golpearás y golpearás a tu rival sin mucha mayor espectacularidad que el modelo del personaje, el cual exhibirá una animación entrecortada, así como algún efecto especial.

El objetivo es dejar al enemigo sin puntos de vida. Si el personaje es un jaeger, tendrá la barra dividida en dos, simbolizando al par de pilotos necesarios para controlarlo. Si es un kaiju, tendrá una sola, que además estará un poco extendida. Como plus, tu vigor está representado en una barra aparte, que te dejará inactivo si se agota.

El control y lo lento del juego no son los únicos conflictos, también está el desarrollo. Luego de un golpe certero sólo te queda usar el instante para presionar botones desesperadamente. Para colmo, al ser derribado tardarás en levantarte, mientras el rival te golpea sin que puedas hacer mucho. Momentos así desequilibran la batalla, además de que en varias ocasiones parecen más producto del azar que de tu habilidad o la de tu oponente.

Para rematar, la detección de impactos es frustrante. Por más que tu rival pueda bloquear y evadir, jurarás varias veces que los golpes que diste no fueron tomados en cuenta. Además, la inteligencia artificial te atacará con secuencias particularmente ilógicas de golpes y proyectiles de alto poder, sin que puedas hacer mucho para defenderte. No es que añada dificultad, simplemente es notorio que la respuesta del sistema no es la adecuada y, por tanto, termina siendo más molesta que desafiante.

Lo interesante viene cuando utilizamos la experiencia ganada en dichos modos de juego para construir nuestro propio personaje.

Apenas un puñado de escenarios, con maremotos, helicópteros y algunos edificios o vehículos poco detallados, es lo que dará cuerpo a tu batalla. Aparte, hay que escuchar una y otra vez el mismo track instrumental que, para colmo, no es el tema principal. Tiene muy poco que aportar en el gameplay regular, pues.

¿Y la historia, apá?

Si te refieres a las escenas pobremente ilustradas que cuentan los primeros diez minutos del filme —para no hacer spoilers— ahí queda. Si te refieres a los objetivos poco creativos que debes pasar para progresar en el juego, también queda en eso. Verás, el Modo Historia se compone de dos opciones: la de supervivencia y la de misiones.

La primera se explica sola: matar y matar rivales en serie para seguir adelante. La segunda es un poco más interesante pero menos estimulante: cumplir objetivos que constan en derrotar a uno o más monstruos. Nótese que nunca tendrás más de un enemigo a la vez, ni al pasar al siguiente tendrás los medidores completos. Poco que comentar al respecto.

Este título no deja de tener una naturaleza oportunista muy notoria. Es barato y se le nota a primera vista.

1Lo interesante viene cuando utilizamos la experiencia ganada en dichos modos de juego para construir nuestro propio personaje. Sí, hacer tu propio jaeger es posible, amiguito. Sólo tendrás que ganar las piezas disponibles al cumplir misiones o comprarlas con puntos de experiencia. Asimismo, puedes pintarlo como gustes con los colores y logos que desees.

Nota: Para esta reseña se utilizó la versión de Xbox Live Arcade×

Tan sólo la posibilidad de construir tu jaeger podría hacer que valga la pena adquirirlo. Sin embargo, el título no deja de tener una naturaleza oportunista muy notoria. Es barato y se le nota a primera vista. Eso no le quita que sea una manera muy pobre de ordeñar a la vaca mientras está en el cine y, tampoco, que sea un juego pobremente logrado, aunque puedas disfrutarlo de vez en vez.

No por nada, a la menor oportunidad, aparecen los nombres de las productoras cinematográficas como diciendo: “Danos dinero. Ve a ver la película”. Esto último —y creo que no soy el único que te lo dijo— es lo que mejor podrías hacer.

Ernesto (Neto) Olicón
Colaborador en Atomix.vg. Amante de la pelea videojueguil, en cualquiera de sus presentaciones. Aventurero en mundos mágicos y contador de historias. Periodista de tiempo completo.