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Reseña: El Chavo

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Existe entre los llamados videojugadores “hardcore” un prejuicio fácil de identificar: el desdén por títulos cuyo público objetivo no sean ellos. Me explico: no dudarán en calificar de “soso” o “infantil” cualquier juego que no esté dirigido a hombres de entre 15 y 25 años de edad y que no tenga cantidades industriales de sangre.

Esa actitud me parece equivocada. Si bien no creo en estereotipos, sí existe un prejuicio señalado contra cualquier juego que apunte a un público infantil mixto. El Chavo es un título pensado para jugar en familia y con tus hermanos menores. No se quiebren la cabeza buscando más o menos: el juego está adecuado a su público.



Las modalidades del título son muy básicas: Copa y Libre. Copa es la partida estándar de juego por turnos, mientras que libre te permitirá disfrutar los minijuegos que vayas desbloqueando en Copa. La premisa del juego es la siguiente: los personajes de la vecindad encontraron un juego de mesa y, gracias a su imaginación, se absorbieron dentro del tablero. Esto explica por qué no están en la vecindad y por qué el título tiene una estructura muy similar a la serie Mario Party.

Después de elegir a tu personaje en el modo Copa, la máquina determinará quién empieza. Si han jugado Serpientes y escaleras ya conocen la dinámica del título: hay casillas que te harán regresar, otras que te enviarán directo a un minijuego, otras que te harán retroceder o hasta ganar un juguete. El objetivo es obtener la mayor cantidad de medallas de oro. ¿Cómo las obtienes? Jugando minijuegos, en ciertas casillas especiales y, al final de la partida, todos los jugadores se aventarán un “tira la cuerda” con el participante que haya quedado en primer lugar para intentar quitarle alguna medalla. Kaxan Games, los desarrolladores del título, hicieron un buen trabajo creando una atmósfera que remita al mundo de El Chavo; sin embargo, debo señalar que, luego de unas horas de juego, el único tablero disponible se siente un poco adusto. Pude disfrutar el juego con mi sobrino, quien, a pesar de lo anterior, estuvo encantado horas y horas con el juego. ¿La explicación? Tal vez Mario Party sea insuperable, pero su nivel de complejidad puede ofuscar a niños o niñas que apenas estén iniciándose en los videojuegos. En este apartado, El Chavo es una opción estupenda para comenzar.



Puedo ver por qué El Chavo es la propiedad intelectual ideal para lanzar un título enfocado en Latinoamérica. Quien ha visitado países como Colombia o Argentina, seguramente se quedó muy sorprendido al descubrir que por allá hay muchísimos fans de la serie —al punto que todavía transmiten los capítulos viejos en horarios estelares. En verdad no tenemos idea de la inmensa popularidad que tienen los personajes creados por Gómez Bolaños en el resto del continente. Que no les extrañe que el título venga disponible en español, portugués e inglés.

Vamos ahora a la carnita del título: los minijuegos. La idea inicial que tendrá alguien no experimentado es que es una fórmula fácil. La realidad no podría estar más alejada de dicha afirmación. Diseñar 40 minijuegos significa que primero debiste prototipar al menos 150. Y la tarea no se detiene en definir cuáles se quedarán en el título final: antes de eso debes balancear y probar cada uno. Debes distribuir tus recursos de forma inteligente para revisar que cada uno de ellos cumpla con estándares de calidad y uniformidad para que el juego en general no se sienta como una masa indefinida —por fortuna, no es el caso, pues los minijuegos de El Chavo tienen un nivel constante. Tal vez habrá alguno que se sienta un poco bajo de nivel, pero la constante son experiencias cortas, divertidas y frenéticas.



Recuerdo en especial uno que involucraba lanzar dardos al estilo de una feria mexicana, pues me pareció una buena implementación del WiiMote. Sin embargo, otros como el de lanzar aros a jarras que iban rotando no me parecieron tan precisos ni controlados. Otros, como el de golpear piñatas y lanzar huevos a las canastas se sienten bien, aunque el movimiento de los personajes no es óptimo. Otro punto en contra que encontré es que no hay forma de regular la dificultad de la inteligencia artificial: a veces será muy fácil derrotar a los jugadores controlados por la máquina y otras veces parecerá que son imbatibles.

A fin de cuentas, el título es un esfuerzo importante y loable. Por desgracia, la carencia de más tableros resta —al menos luego de la décima partida— a la experiencia. Los pequeños de la casa disfrutarán jugar con los personajes del Chavo y pasarán un buen rato con los minijuegos, pues la mayoría están bien diseñados. El punto más negativo, sin embargo, es la carencia de más escenarios que introduzcan nuevas dinámicas de juego para los jugadores avanzados.



Siete.


Jorge Arellano Olvera