Review – Valiant Hearts: The Great War

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Una experiencia más perdurable que la gran mayoría de los juegos AAA que hay en el mercado.

Tanto la novelas como las películas históricas ya tienen un lugar bien definido en el mercado, pero aún falta definir un nicho para los videojuegos históricos y Valiant Hearts: The Great War es el ejemplo perfecto para ocupar este lugar. Ubisoft Montpellier  entrega otro pequeño gran juego, modesto en apariencia, pero suntuoso en su interior. Con una interesante investigación como base, no sólo nos pondrá a mover coloridos personajes en pantalla, sino que nos lleva al corazón de la Primera Guerra Mundial.

Este juego, junto con Child of Light, forma parte de los lanzamientos digitales de Ubisoft hechos en UbiArt Framework que tienen un precio de apenas 15 dólares. De primera instancia uno pensaría que se trata de producciones independientes, pero al ver la cantidad de trabajo detrás de ellas y su modesto marketing (muy lejos de los demás juegos AAA de Ubisoft), deberíamos llamarlas “producciones medianas”, cosa rara en un mundo en el que la brecha entre las producciones grandes y pequeñas cada vez se hace más abismal.

Valiant Hearts es un juego puzzle de aventuras con una fuerte carga narrativa que nos cuenta la historia de cuatro personajes que se entrecruzan por los azares de la guerra, conectándose a través de un dóberman que era parte del servicio médico en el ejército alemán. Los dos pilares sobre los cuales se construye este juego son el narrativo y el visual: por medio de animaciones estilo cómic, jugaremos distintos episodios en las vidas de los protagonistas. Al ser un juego de UbiArt framework, el estilo visual es fundamental.

Si, por ejemplo, en Child of Light teníamos una acuarela que cobra vida, en Valiant Hearts nos sumergimos en un estilo que rinde homenaje a la tradición bandes dessinées del cómic franco belga, donde están, por ejemplo, Bécassine, Blake et Mortimer y, por su puesto, Astérix y Les Aventures de Tintin.

En este título, vemos personajes dibujados con gruesas líneas y una paleta de colores apagada, como el espíritu del mundo durante uno de los episodios más irracionales de la humanidad, pero a la vez delicada como la esperanza que sobrevive. Las animaciones entre el gameplay y las secuencias de historia están muy bien unidas: nos  ofrecen una experiencia fluida y agradable, y que no se diferencian a primera vista debido a que las dos usan el mismo estilo visual. Obviamente, durante las secuencias veremos cambios de paneos, acercamientos y demás movimientos propios del contar historias mediante imágenes.

Desde el principio, tenemos a un narrador que nos habla de los horrores de la guerra y cómo ésta vino a cambiar las vidas de tantas personas en Europa. Valiant Hearts tiene una estructura epistolar, que al principio parece cronológica, pero después se irá fragmentando hacia adelante y hacia atrás para contar lo que vivieron los personajes durante un mismo tiempo, llegando así a conectar las historias. Además de las secuencias de animación, también vamos conociendo sobre los protagonistas a través de las cartas que enviaban o recibían, escuchando de primera voz sobre sus aventuras, temores y pericias.

Primero está la historia de Karl, un joven granjero alemán que se estableció en Francia, donde hizo una familia con Marie, la hija de Emile. Pero al estallar la guerra en 1914, poco después de que nace el bebé de él y Marie, Karl es deportado hacia Alemania, de donde lo mandan a la guerra. Por su parte, Emile también es llamado al servicio militar, sólo que en el bando contrario. Así es como comienza la travesía de Emile para recuperar a su yerno y llevarlo a casa con su hija, quien se ha quedado sola en la granja a la merced del avance alemán.

Durante la travesía, Emile se encontrará con Freddie, un estadounidense que se unió a la legión extranjera de Francia, y con Anna, una joven aristócrata belga que estudiaba en París, pero que se une al ejército atendiendo a los heridos para ir en busca de su padre, quien fue capturado por el ejército Alemán.

A pesar de que la progresión del juego se realiza a través de su historia, Valiant Hearts no tiene diálogos entre sus personajes durante el gameplay, sino que se comunican a través de gestos y gruñidos, dando una sensación de universalidad propia de la guerra. En diferentes misiones iremos controlando a los distintos protagonistas, así como a Walt, el perro que los une.

Cada uno tiene habilidades específicas que servirán en variados escenarios. En algunos momentos, avanzamos por trincheras donde hay que demoler puertas para seguir. Necesitaremos llevar a cabo ciertas acciones ,como hablar con algunos personajes o encontrar objetos y hacerlos funcionar en formas tan variadas que van desde reparar aparatos, mover la palancas, subir o detonar construcciones. Habrá otras escenas en las que habrá que demostrar destreza en los controles y una buena memoria para esquivar bombardeos mediante reflejos rápidos y patrones. Incluso haremos una especie de juego rítmico durante las secuencias en las que Anna atiende a los heridos: imaginen un Guitar Hero en el que en vez de notas de guitarra, pongas vendajes.

Toda esta variación en el gameplay nos mantendrá con una sensación de frescura de principio a fin con algunas partes bastante bien logradas, pues Valiant Hearts no se casó con algún género en específico y prefiere mostrarnos una serie de mini juegos unidos por su historia.

Uno de los hilos conductores de ésta es Walt, que nos acompañará hasta las últimas consecuencias. Ya que éste es un perro entrenado, podemos darle comandos para resolver los puzzles. Por ejemplo, le decimos que mueva una palanca que activará un mecanismo para que nosotros pasemos, que se infiltre entre los soldados y los distraiga o que nos traiga algún objeto. A diferencia de otros juegos con un segundo personaje que controlamos con el segundo stick o un touchpad (Rayman Legends o Child of Light), dirigimos las acciones de  Walt con un botón del control, mandándolo de forma sencilla a interactuar con ciertos objetos o personas en el momento que nosotros indiquemos.

Aunque las mecánicas de Walt sirven para resolver puzzles mediante ciertas acciones en algún orden determinado, buscando siempre la lógica de la situación o la escena, habrá otras partes que funcionen con destreza. Habrá momentos en los que nos separaremos de Walt para tomar un camino distinto, pero también lo podremos ver moviéndose en un segundo plano debido a que los niveles tienen distintas capas de profundidad, creando laberintos tridimensionales que navegamos a través de un mundo 2D conectado por puertas y túneles.

El desasosiego, patetismo y desesperanza que nos transmite están concentrados en las desoladoras cartas y relatos de esta época.

Éste es un juego de ensayo y error. Ya que no contamos con un indicador de vida, perderemos con un solo toque: al ser encontrados por los enemigos, cuando nos disparen o a ser alcanzados por una bomba. Entonces regresaremos al checkpoint anterior para volver a comenzar. Esto puede sonar molesto, pero en general, las partes con mayor dificultad y que repetiremos varias veces hasta dominar son bastante entretenidas.

Uno de los puntos en que sus creadores hacen más hincapié es que, como inspiración para el juego, usaron cartas reales que la gente se envió durante la guerra. Ésta es la razón por la cual entraría a la categoría de videojuego histórico: así como las novelas o películas usan el marco de este acontecimiento tan importante para contarnos una historia más terrenal, Valiant Hearts cuenta la de personas que desean volver a sus seres queridos en medio de la atrocidad bélica.

Más que una aventura, todo Valiant Hearts es una lección de historia sobre la época, en donde podremos leer sobre los acontecimientos que marcaron la Primera Guerra Mundial –sus batallas más importantes o movilizaciones militares–, pero además sobre la vida cotidiana de las personas que sufrieron la guerra (lo que comían, las enfermedades que los aquejaron, el tipo de ropa que vestían) y también sobre partes más duras, como las prácticas médicas, las armas y estrategias de los ejércitos. Ésta es la parte en la que uno se da cuenta de que, a pesar de su aspecto amable y caricaturesco, Valiant Hearts no es un juego para niños. Pese a que su clasificación en América es Teen y en Europa para mayores de 12 años, no se tienta el corazón para describir las atrocidades de la guerra e incluso para mostrar algunas fotos de archivo.

También hay elementos de exploración: tanto en los objetos que necesitamos encontrar para avanzar como en otros que sólo sirven para desbloquear partes de la historia de la guerra, como una micro arqueología (de hecho, Walt tiene la habilidad de desenterrar algunos objetos que detecta). Cuando se desbloquean los archivos de información y cartas podemos acceder a éstos desde el menú y leerlos con calma. Valiant Hearts no se lo toma a la ligera: ésta es una parte fundamental de todo el juego y, aunque si jugamos desesperadamente podemos pasarlo sin leer la gran cantidad de información que hay, sería perderse una buena parte de la experiencia que nos ofrecen de la Primera Guerra Mundial: el desasosiego, patetismo y desesperanza que nos transmite están concentrados en las desoladoras cartas y relatos de esta época.

Veremos ilustraciones y escenarios a 1080p que nos harán suspirar una y otra vez.

Los puzzles tienen una dificultad accesible pero, aunque algunos tengan soluciones sencillas, quizá el llegar a éstas pueda ocupar un largo rato. Para los jugadores que no cuentan con tanto tiempo, se pueden activar una especie de pistas que se irán desbloqueando con el paso de los minutos sobre un puzzle que no podamos resolver; incluso podremos ver un contador de tiempo que nos dice cuánto debemos esperar para ver la siguiente pista. Esto es una buena estrategia para no permitir que los jugadores se den por vencidos al instante, pues los obliga a esperar. De cualquier forma, lo mejor siempre será desactivar las pistas e invertir el tiempo necesario en resolver cada problema.

Desgraciadamente, el luego sufre en varios aspectos. El más notable es en su belleza gráfica ya que ésta es un arma de doble filo. El impecable arte y las geniales animaciones del juego se ven traicionados por un mal uso de los bitmaps en el UbiArt (hay acercamientos en los que notamos unos pixeleados terribles). Es totalmente inaceptable que si el equipo de artistas se tomó el gran trabajo de presentar un juego con tal brillo visual lo echen a perder de esta forma. De cualquier manera,  son sólo algunos momentos; en general, vemos ilustraciones plagadas de detalles y sutilezas, así como animaciones de perspectiva al movernos a través de los escenarios, que  corriendo a 1080p en su versión de PlayStation 4, una y otra vez –hasta el final del juego– nos harán suspirar de admiración.

Otro gran fallo es que, aunque los puzzles -en su gran mayoría- están bien diseñados y retan eficientemente al sentido común, el gameplay sufre con errores en algunos movimientos de los personajes o acciones que no se activan porque las áreas de interacción no están bien delimitadas ni programadas; incluso hay algunas partes donde encontraremos  glitches, como el perro apareciendo y desapareciendo, que de repente se haya insertado en una pared o que la cámara se trabe en un área donde debía moverse.

Durante este viaje a la Gran Guerra, escucharemos piezas instrumentales de un inconfundible sabor francés.

Estos errores nos los encontraremos de vez en vez sin gran afectación, aunque hubo un par de momentos en los que llegan a desesperar. De nuevo, es inaceptable que un juego con semejante equipo de trabajo por detrás –aunque sea una producción “mediana”– deje que su trabajo se vea manchado por problemas básicos que ningún juego que se considere terminado debe sufrir. Esto le resta mucho a un gran esfuerzo, que obviamente necesitaba más tiempo para ser pulido. Es una lástima que haya salido de esta forma al mercado: si no estuvieran presentes, sería uno de los mejores juegos del año.

Aunque la dirección artística es impecable, esto es un videojuego y si falla en este sentido, nos puede quitar parte de la experiencia primordial. Sin embargo, todo el mundo que se construye y se nos revela es magistral, con un guión bien cuidado y una línea narrativa con la emoción de las novelas de folletín, que entre episodio y episodio nos dejará a la expectativa de saber más o con una gran aflicción por los personajes, cosa que ni remotamente logran otros juegos más cerebrales o con mecánicas bien cuidadas. Al final del día, Valiant Hearts nos deja una experiencia más perdurable que la gran mayoría de los juegos AAA que hay en el mercado.

Durante este viaje a la Gran Guerra escucharemos piezas instrumentales de un inconfundible sabor francés, con piano, bandoneón y cuerdas: la manera perfecta para representar la amargura de la guerra con notas de bello dolor. Sin embargo, también escucharemos melodías radiantes en júbilo y otras con emoción cinematográfica, como si fuera el acompañamiento de una película de la era muda del cine. Entre los mejores momentos del juego, hay una escena de persecución que usa la “Danza no. 5 en Sol Menor” de Brahms, donde la sincronía de los obstáculos con la música van marcando el ritmo de manera magistral.

Para esta reseña se utilizó la versión de PlayStation 4; también está disponible en PlayStation 3, Xbox One, Xbox 360 y PC ×

Definitivamente, Valiant Hearts: The Great War es un juego para disfrutarse acompañado, ya que su valor narrativo mantendrá entretenido a los espectadores que, además de deleitarse con la historia, su música y las imágenes, podrán asistirnos para resolver los puzzles, lo cual es siempre más divertido. Además, su valor de reflexión es muy alto: aunque pareciera que el juego llegará a lo lacrimoso y lastimero, se mantiene dentro del buen gusto y sin perder el enfoque en el gameplay. Quienes se tomen el tiempo de leer el mundo de notas, datos históricos y cartas se llevarán una gran recompensa; sin embargo, quienes no vean el objetivo de hacerlo acabarán aburriéndose, por lo que ni deberían asomarse a este título. Si te atraen la belleza, las buenas historias y los puzzle, Valiant Hearts es para ti.