Review – Dead Rising 3

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Dead Rising 3 resulta una experiencia bastante disfrutable y que hace lo mejor que puede por agotar las capacidades de la nueva consola.

¿Recuerdan esos tiempos en que estrenar una consola nueva era abrir la caja, conectar el sistema, poner el juego incluido y dejarse llevar por un producto que básicamente estaba ahí para brindar diversión pura y casi ingenua? Si bien esos tiempos se han ido para no volver, la experiencia más parecida que he tenido en estos días es con Xbox One y Dead Rising 3… aunque, claro, el juego se vende por separado.

Estamos entrando al umbral de una nueva generación de sistemas de videojuegos; en estos días estaremos viendo y probando nuevos aparatos, y los juegos que sus fabricadores eligieron para demostrar lo que son capaces de hacer. Los juegos de autos siempre son buenas demostraciones y Xbox One nos tiene cubiertos con un nuevo Forza. Sus otras opciones parecen decisiones arriesgadas y más de nicho; Ryse, Killer instinct, Zoo Tycoon, Crimson Dragon… los third party prefieren minimizar riesgos y van a la segura con nombres inflados como Call of Duty, Assassin’s Creed o FIFA. No quiero ponerme en la posición de quien tenga que elegir una sola plataforma donde jugar, y quizá también un solo juego para dar la patada inicial, pero si tuviera, no lo pensaría dos veces. Elijo Xbox One con Dead Rising 3.

Es como el Super Mario 128 que nunca vimos completado. ¿Recuerdan la primera vez que vieron aquel demo y una sonrisa automática se dibujo en sus rostros?¿el considerar que aquello en las pantallas sería un día realidad y lo estarían jugando? Mucho ha pasado desde entonces y, mientras que otros se concentran en mejorar la apariencia, crear multijugadores más permisivos, mundos más grandes, etcétera, Dead Rising 3 retoma aquella premisa básica, y nos entrega un producto tangible com una experiencia de la que podemos ser parte y es divertido serlo: “¡Vean cuantos zombies podemos poner en pantalla, todos interactuando individualmente contigo!”

Su objetivo es simple y su núcleo está en las mecánicas y la libertad con la que el jugador puede usarlas.

Lo anterior siempre fue el concepto de Dead Rising, y esta nueva entrega no hace más que afirmar la noción de que la plataforma ya tiene el poder para hacer lo que sea, lo cual sólo ha establecido un límite más lejano de alcanzar, pero nos mantendrá satisfechos hasta que un siguiente Xbox aparezca.

¿Qué hace que DR3 sea más que un demo técnico de estas capacidades y un juego realmente digno de jugar? Que su objetivo es simple y su núcleo está en las mecánicas y la libertad con la que el jugador puede usarlas.

Por supuesto, Dead Rising 3 tiene mucho aderezo; una historia, modos multijugador, gráficos que justifican el cambio generacional y una presentación impecable. Todo comienza con nuestro personaje, Nick Ramos, que es un mecánico con un pasado tormentoso, luchando por escapar de la ciudad llamada Los Perdidos (sí, una versión reimaginada de Los Angeles), la cual será bombardeada por el gobierno para exterminar la infección zombie de la que se vio plagada. Ramos tiene sangre latina (no shit, Sherlock!) y la situación que enfrenta en este mundo ficticio es una alegoría del estado actual de los migrantes en el país del norte. No les daré más spoilers, sólo les diré que la historia cumple con atar las mecánicas al objetivo del juego y –eventualmente– se revelará su conexión con las pasadas dos entregas de la serie.

Además del modo de historia, se han añadido dos modos más que permiten a más de un jugador experimentar Dead Rising 3.

El que Nick sea un mecánico no es accidente del destino, sus capacidades como reparador e inventor de todo tipo de artefactos son la excusa perfecta para las nuevas posibilidades que el juego ofrece en cuanto a uso de armas y la creación de otras nuevas. Como en todo Dead Rising, el juego pone a nuestra disposición un sinfín de objetos con los cuales atacar a la horda de no muertos; algunos son armas, pero casi cualquier objeto sirve al propósito.

Dead rising 3 weaponLo que Ramos propone es la combinación de los items más compleja y absurda vista a la fecha, aunque no viene gratuitamente, pues para crear estos nuevos instrumentos de tortura zombie hay que encontrar primero una copia de sus planos, lo cual nos lleva a otros aspecto fundamental de juego: la exploración.

Los Perdidos es un lugar enorme en el cual hay bastante libertad para ir de aquí a allá, descubriendo lo que ofrece. Para ser sinceros no hay mucha vida en ese espacio, pero ¡qué esperábamos de una ciudad zombie! Es decir, ustedes entienden a lo que me refiero. Aún así el involucrarse en alguna de las muchas misiones opcionales que ahí se esconden, y encontrar todos los planos de las armas son incentivo suficiente para recorrerle. Además, no es como que se pueda ir de un lado a otro sin preocupación, los enfrentamientos con los zombies están a la orden del día.

Finalmente llegamos al gameplay. Dead Rising 3 se sigue tratando del infinito combate con las oleadas y oleadas de infectados. Más que nunca, el número de éstos en pantalla tiene peso y se siente, sobre todo cuando tienes armas cuyo alcance es de uno, unos cuantos, o decenas de zombies a la vez. Al igual que en juegos como los Warriors, de Koei, hay un nivel de satisfacción pocas veces igualado por aniquilar adversarios sin defensa, sólo por el puro placer de hacerlo.

El fan-service se hace presente a través de objetos y otras apariciones en el juego.

Aun si el juego careciera de historia u objetivo, Dead Rising es el rey del factor más puro de entretenimiento cuando de exterminar zombies se trata; eso sin contar con que las reacciones de éstos –al ser atacados con ciertos objetos– son tan ridículas como la misma premisa de combatirles: el sentido del humor sigue siendo parte del atractivo fundamental del juego.

Exterminar infectados en DR3 se ve, se siente, y ejecuta muy bien. Algunas físicas se han mejorado para hacer las reacciones más verosímiles, y las posibilidades de verdad parecen infinitas. De todas formas, no todo es miel sobre hojuelas y sí, el juego tendrá sus problemas de framerate cuando el número de enemigos en pantalla y la acción se intensifican demasiado.

Xbox One demuestra su poder pero también sus límites, y aunque esto puede resultar un tanto decepcionante a veces, para cuando suceda, estarás tan habituado al juego y tan metido en sus posibilidades, además de haber soltado carcajadas, que se vuelve algo perdonable.

El fan-service –como buen juego de Capcom– se hace presente a través de objetos y otras apariciones en el juego. Resident Evil, Street Fighter, Mega Man, son algunas de las franquicias de las que se puede encontrar algo en el título: desde el más ligero guiño, hasta la referencia más directa. De verdad se nota el cariño que el equipo de Capcom Vancouver invirtió en hacer de ésta una experiencia que puede disfrutar quien juegue DR3, como su primer título de la compañía, así como los veteranos a los que gustan de hacer un shoryuken les pintará una gran sonrisa en el rostro.

Además del modo de historia, se han añadido dos modos más que permiten a más de un jugador experimentar Dead Rising 3: el primero es el cooperativo, el cual te deja jugar la misma modalidad de campaña pero acompañado, lo cual se hace ideal para pasar el rato con un amigo, pareja, o hermanos al más puro estilo de antaño. Entre mejor conozcas a esa otra persona y más se pongan de acuerdo en lograr objetivos en común, más disfrutable será la experiencia. El segundo modo es llamado Nightamare, el cual es más como una dificultad agregada al juego normal; aquí se nos restringe el uso de safe houses (los únicos puntos inaccesibles para los zombies) y se impone un límite de tiempo para completar la campaña, lo cual dará un buen reto a jugadores ya experimentados o que gustan de un estilo sin tantas comodidades.

Considerándolo como un todo, Dead Rising 3 resulta una experiencia bastante disfrutable y que hace lo mejor que puede por agotar las capacidades de la nueva consola de Microsoft; seguramente en el futuro veremos productos mucho más complejos, a medida en que los desarrolladores aprendan a explotarle, pero por ahora DR3 me deja muy satisfecho y –como ya al principio– se convierte en mi recomendación para estrenar el Xbox One.

Nota: Este juego es exclusivo de Xbox One×

Lo accesible de su historia y mecánicas –junto a un sistema de exploración y personalización decente–, así como un gran factor de diversión y rejugabilidad  lo hacen el título ideal para quien guste de empezar a jugar de inmediato, y disfrute de llevar su propio ritmo sin más pretensiones que las de entretener al usuario cada vez que se enciende la consola. Criterio que, en lo personal, todo juego debería perseguir.