Reseña: The Binding of Isaac

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En el año de 1603, Caravaggio terminó de pintar un cuadro que escandalizaría a Roma: la representación de El sacrificio de Isaac, el pasaje del antiguo testamento —también llamado La atadura de Isaac-  en el que Dios ordena a Abraham ofrecer a su hijo en sacrificio para probar su fe. En esta obra maestra podemos observar el momento en que Abraham está siendo detenido por el enviado divino segundos antes de consumar el sacrificio. La razón por la que esta representación fue considerada como subversiva en su momento tiene que ver con la expresión de Isaac. Detallo: el hijo subyugado tiene en su rostro una expresión de terror y opone resistencia física a su padre, actitud impensable para un sacrificio a Dios. El pintor barroco representó al sacrificado oponiendo su voluntad y no como la figura calmada y tranquila que se venía representando desde años atrás —incluso por el mismo Caravaggio apenas seis años atrás. 

De todas las representaciones que se han realizado de este pasaje bíblico, la anterior llama más la atención para empezar a escribir esta reseña. Hay cientos de obras icónicas de este pasaje realizadas por autores versátiles como Donatello y Rembrandt, por mencionar algunos. Pero es en ésta donde Isaac se resiste a su destino, trata de forcejear su liberación y muestra el lado más injusto de una historia conocida. En septiembre de 2011, una nueva representación de esta historia bíblica vería la luz, pero esta vez en un formato muy distinto: los videojuegos.

Edmund McMillen, artista visual y desarrollador de videojuegos  —conocido por títulos como Gish y Super Meat Boy— es un hombre que siempre se distinguió por dibujar atrocidades. Cuando era niño, muchas veces aconsejaron a su familia que buscara ayuda terapéutica, dado que dibujaba objetos o seres que algunos podrían considerar horripilantes. McMillen, por su parte, prefirió volver este discurso su manera de expresión. Empezó con los cómics y saltó al mundo de los videojuegos. Con ayuda del programador Florian Himsl y presentado por Newgrounds, Edmund desarrolló y diseñó independientemente The Binding of Isaac, el videojuego del que hablaré a continuación.

La premisa narrativa es una satirización análoga al pasaje bíblico: Isaac y su madre viven en una pequeña casa en la colina, donde, mientras el niño juega con sus videojuegos, ella se dedica a ver programas religiosos en televisión. Un buen día, la madre escucha la voz de Dios, quien le comanda sacrificar a su hijo para probar su amor por él sobre todas las cosas. La mujer no duda en hacerlo y, cargada de un cuchillo de cocina, se dispone a acabar con la vida del pequeño, quien —al darse cuenta— decide bajar al sótano de la casa para huir de su psicótica madre. Pero encuentra un calabozo lleno de peligros y adefesios preparados para atacarlo con la misma enjundia que su progenitora.

A partir de esta base, The Binding of Isaac se presenta como un videojuego de supervivencia en calabozos. Isaac (un niño sin ropa que ataca con sus lágrimas) debe explorar cada uno de los cuartos del sótano para hacerse lo más fuerte posible antes de tener que pelear con su madre frente a frente. Los cuartos están distribuidos aleatoriamente y nunca una partida va a ser exactamente igual a otra. Con cada intento, el jugador descubrirá nuevos peligros y premios para poder superar los peligros. El Isaac resistente de Caravaggio es personificado por el dibujo vectorial de McMillen y tratará de armarse hasta los dientes para sobrevivir y liberarse de la prisión física y psicológica en la que está inmerso. 

Me gusta decir que éste es el juego que Nintendo no quiere que pruebes. Originalmente, los autores querían sacar el título como contenido descargable para Nintendo 3DS, pero la compañía japonesa declinó porque el juego tenía “contenido religioso cuestionable”, mismo que pasa a un segundo plano una vez que te acostumbras a las mecánicas de juego. En este caso, son más importantes que la premisa misma del título. Al final, Nintendo tiene que cuidar el contenido de los juegos que pone a su público. Afortunadamente para el equipo de McMillen, el juego puede ser descargado en la plataforma Steam de Valve, la cual ha sido felicitada por el autor debido a la libertad creativa que da a todos los que quieran utilizarla para distribuir sus juegos.

Para empezar a hablar del juego, quitemos lo obvio del panorama. Éste no es un título para todos los gustos ni está diseñado para serlo. El nicho de jugadores que ama los juegos de calabozos puede llegar a asustarse con el arte escatológico y los amantes de la violencia gráfica podrían llegar a frustrarse con la elevada dificultad. Sin embargo, déjenme asegurarles a quienes intenten bajar a este sótano de pesadillas que todas estas cosas son superadas por una experiencia de juego frenética y divertida, tan retadora como lo es amenazante. En The Binding of Isaac pelearás con fetos que chorrean sangre, niños deformes con moscas en la boca, gusanos que tapan tu camino con sus heces fecales, cuerpos decapitados, demonios iracundos… en resumen, pelearás contra una serie innumerable de seres políticamente incorrectos y artísticamente desagradables (aunque esto no es malo, el arte es asquerosamente preciso), quienes además estarán armados hasta los dientes (literalmente, en algunos casos). 

La mecánica de juego no será ninguna sorpresa para cualquier persona que haya jugado algún The Legend of Zelda en vista superior. Este juego no solamente toma prestada la influencia de calabozos del primer título de la franquicia de Nintendo, sino que lo lleva al límite volviéndolo la experiencia principal de juego. Explorar el calabozo y conseguir objetos es, como en Zelda, el recurso principal del que se valieron para darle forma al juego. Así como toman prestado de juegos clásicos, el título está plagado de referencias a otros juegos. Es un enorme tributo a todos los videojuegos que alguna vez fueron amados por sus autores. Los elementos que traen al género son innumerables y veremos claras influencias de cientos de cosas, desde Pacman hasta Minecraft, pasando por autoreferencias a juegos del mismo McMillen (Meat Boy y Gish hacen apariciones también). Cualquier jugador que se digne de haberlo visto todo encontrará aquí cientos de detalles de otros juegos.

Para aquellos que, como yo, decidimos darle una oportunidad a este título (que puede ser jugando en PC, Mac y Linux, via Steam) nos encontramos con uno de los juegos más adictivos de los últimos años. El pequeño Isaac recorre el calabozo atacando con sus lágrimas. La acción frenética de cada pantalla pone a prueba reflejos y frustraciones en una especie de martirio constantemente recompensado. Cada vez que superas alguna de las amenazas sentirás un pequeño logro superado y estarás listo para la siguiente vuelta.

El juego debe ser jugado de principio a final. Solamente contarás con una vida (salvo que encuentres otras en el calabozo) y, si la pierdes -recordando los juegos de antaño-, volverás al principio con un personaje en limpio y deberás volver a intentar terminarlo. Cabe mencionar que la curva de aprendizaje está (como en todos los juegos de McMillen) balanceada para nunca sentir la frustración de un título insuperable. El impulso por volver a comenzar es casi siempre mayor al de abandonar la misión. Durante muchas horas, el juego no dejará de sorprender con la enorme cantidad de objetos y secretos por encontrar. La muerte persigue a Isaac con la misma urgencia que el jugador sentirá con cada pantalla nueva. Es uno de esos títulos que se puede jugar un rato pequeño, ya que las partidas en general son de corta duración, aunque invita a seguir tratando hasta superarlo. 

No se puede tampoco hablar de The Binding of Isaac sin hacer aunque sea una mención de los jefes que coronan cada uno de los niveles del sótano. El trabajo artístico puesto en estos enemigos siniestros es impresionante, ya que, sólo de verlos en pantalla, se sienten como una amenaza constante y peligrosa. Al mismo, tiempo son difíciles de superar y más de una vez he repudiado a varios de ellos y he tenido que aprender a vencerlos sin la influencia del miedo de volver a perder. Cada partida es única porque el juego cobra vida en nuestros miedos y en ese sentimiento de jugadores de querer ganar a toda costa. Ver derrotados a los jefes de cada nivel es uno de los logros más tranquilizadores y al mismo tiempo más angustiantes porque, a excepción del último, solamente son el preludio para un reto más difícil. A los creadores de este juego les gusta hacernos sufrir y, en este caso, quienes disfrutamos el título se los agradecemos con cada muerte. 

La razón principal por la que escribo esto casi un año después de la salida de The Binding of Isaac es el lanzamiento hace unas semanas de la expansión del juego, llamada Wrath of the Lamb, en la cual los creadores añadieron cientos de nuevos objetos, cuartos, retos y enemigos para que todos los que ya se habían cansado del mismo calabozo pudieran volver a sentirlo fresco y novedoso. En general, es una expansión que no cambia la experiencia de juego como partidas de un solo intento, ya que alternará entre los nuevos cuartos y los de la versión original sin romper el ritmo de juego. La única razón por la que yo no recomendaría conseguir a los principiantes el juego con todo y la expansión es que la dificultad es aumentada significativamente, ya que estuvo pensada para regalar nuevos retos a todos aquellos que pedían más Isaac. Al mismo tiempo, esta expansión desbloquea nuevos finales y personajes para el título.

¿Deben jugar The Binding of Isaac? Sí. Todos aquellos que gusten o puedan ver más allá de su premisa religiosa y su arte grotesco, encontrarán en Isaac una experiencia de juego que los mantendrá volviendo por más. Terminarlo se volverá una obsesión que no los dejará dormir. Quizás escribiendo esta reseña pueda, yo también, liberarme de la prisión adictiva que es volver a reiniciar una partida, alejarme del pecado y del placer de disfrutar el dolor acompañado por la música precisa de Danny Baranowsky y dejar descansar este juego que, con cada intento, se vuelve más interesante. Sobre todo para un jugador que busca revivir experiencias pasadas en un producto fresco que tiene influencias de todo lo que alguna vez adoramos de los videojuegos. 

Nueve

Daniel Mastretta