Reseña: RAGE

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Hace seis años estudiaba en la universidad; una de las mejores etapas de mi vida. Hace poco más de seis años conocí a Gaby, con quien vivo actualmente. Hace seis años eran otros tiempos: comenzaba una nueva generación de consolas. Hace seis años seguía jugando DOOM 3 (de hecho, ¿a quién engaño?, sigo jugándolo). Hace 17 años me hice fanático de id Software: sus experiencias han sido únicas y, sobre todo, me divierten. Eso es lo más importante. RAGE ha conseguido lo mismo. Ésta es mi experiencia con el juego.

Debo comenzar diciendo que fue frustrante tener en mis manos un juego que esperaba mucho y no poder jugarlo. Debido a circunstancias ajenas (varios compromisos, múltiples eventos y una carga de trabajo muy fuerte), no tuve tiempo suficiente como para adentrarme y desconectarme por completo en RAGE. Y yo no iba a escribir una reseña sin poder disfrutar del título como se debe, por eso apenas puedes leer esta reseña. Me tomé mi tiempo para jugarlo.

No intento justificarme: sólo quiero ser honesto con ustedes.

De regreso a mis 10 años
Tenía esa edad cuando conocí y jugué DOOM por primera vez, aún lo recuerdo. El subtítulo que lees se debe a que mi experiencia con RAGE fue la misma que tuve con DOOM, no importa que ahora sea más grande. En aquel entonces, mi cuarto se convirtió, gracias a mi computadora, en una forma de teletransportarme al infierno o a Phobos. Hoy, casi dos décadas después, en mi nuevo hogar soy capaz de transportarme a The Wasteland (la ciudad, mundo, planeta o pedazo de civilización en donde se desarrolla RAGE) y me siento igual que cuando tenía diez años.



La búsqueda de respuestas e identidad
Soy uno de los humanos afortunados por sobrevivir el asteroide llamado Apophis, que llegó a la tierra en en el año 2138. Pude salvarme gracias a que participé en el experimento llamado “Ark” (el arca). Sólo la gente con habilidades sobresalientes seríamos los encargados de construir una nueva civilización en medio de la nada. Por eso estoy vivo (o eso es lo que me dicen). Perdí la memoria, estuve en estado criogénico por no sé cuánto tiempo. No sé dónde estoy. Despierto y me rodea una nave espacial llena de cadáveres. Logro salir. La luz del día me afecta la visión y un loco intenta acabar con mi vida. No puedo reaccionar; supongo que mis músculos están atrofiados. Entonces, un humano me salva la vida. No lo conozco, pero ahora tengo una deuda con él. Subo a su auto y me lleva a un pequeño (intento de) poblado. En el camino me dice dónde estoy y cómo es la vida ahora. El fin del mundo no era una broma: estoy en él y lo he visto, se llama Wasteland.



El nombre de mi salvador es Dan Hagar. Es un sobreviviente. Dan se convertiría, a partir de ese momento, en lo más cercano a un amigo. Es el único que puedo tener, pero es un amigo de favores. Aquí comienza mi aventura. Por cada favor o misión que realice para él tendré una recompensa a cambio, ya sea económica o en accesorios, como vehículos, armas, suministros, etcétera. Pero no puedo caminar por el desierto (o como sea que se llame ahora) sin protección alguna. Este mundo llamado Wasteland no está solo. Se rige, me explica Hagar, por nueve diferentes clases de grupos. La mayoría son rebeldes con alguna causa, que se opusieron a seguir las reglas sociales (si es que nuestra precaria situación las tiene), y también hay mutantes que la vida desgració convirtiéndolos en criaturas que ruegan porque alguien termine con su vida (yo lo haré, con mucho gusto). Aquí hay gente extraña. Soy testigo de la decadencia de la humanidad.



Me he mantenido con vida durante horas. Hagar me ha dado toda clase de misiones, como ir del punto A al B, pero esto no me importa siempre y cuando esté a salvo. Además, si en el camino puedo recoger y realizar otras misiones secundarias, será mejor aún, pues así obtendré dinero, el cual necesito para comprar nuevas armas y mejorar el poder de mi vehículo, para comprar herramientas y accesorios que debo construir y que me permitirán entrar a puertas bloqueadas, pues dentro hay municiones (en DOOM 3 pasaba algo similar, pues encontrabas tabletas o memorándums con códigos para abrir casilleros llenos de municiones, esto era un incentivo para regresar por ellos si lo deseabas).



Cuento con la suficiente experiencia como para tener mi propio vehículo, una moto, estilo ATV. Gracias a ella puedo sortear esta especie de desierto entre las misiones. Continúo haciéndolas y, entonces, estoy listo para montar mi nuevo auto, un buggie, ideal para mis precarias condiciones. Estoy listo para recorrer las fronteras de Wasteland (de regreso a la realidad, veo claramente elementos de Motorstorm y, a pesar de que id Software no tiene tanta experiencia con el manejo de vehículos —lo vimos en Quake Wars—, no me puedo quejar, es bueno). Los bandidos me atacan, pero mi buggie aún no está equipado con armas, así que evito a toda costa entrar en combate y llego hasta el punto que me marca el mapa como objetivo a seguir. Debo echar a andar estaciones de radio, matar a un banda de asesinos, encontrar a personas desaparecidas o lo que queda de ellas, entregar provisiones a otro poblado, correr por dinero, explorar alcantarillas infestadas de mutantes, hasta salir en TV… sí, Wasteland tiene su propio programa de TV y entretenimiento llamado Mutant Bash TV. Mi objetivo es generar la mayor cantidad de puntos y salir con vida de cinco escenarios diferentes. Es entretenimiento puro (si jugaron la versión de RAGE HD para iPad o iPhone/iPod sabrán de qué les hablo). Todo se graba, Mutant Bash es el Big Borther del futuro y soy el invitado y jugador del mes. Mi reputación está intacta: mi nombre ahora es escuchado en Wellsprings y cada rincón de este lugar. Aunque sé que esto no debe ser nada bueno, pues “The Autorithy (la autoridad)” está en busca de mí para hacerme algunas preguntas acerca de mi existencia en este planeta.



Ahora cuento con más experiencia y mi buggie ya tiene armas. De alguna forma puedo salir bien librado del desierto y los vehículos enemigos (siempre y cuando mi puntería sea adecuada). Con esto podré cobrar el dinero de la chica del bar por cumplir la misión. He podido conocer varios poblados, con todo tipo de gente. He visto sujetos de aspecto raro, desolados, enojados con la vida, tipos a los que se les zafó un tornillo, aquellos que enfrentan el fin del mundo con la frente en alto sabiendo que sus días pueden estar contados (es fantástico, desde mi punto de vista el diseño de personajes, aspecto característico del estudio, puedo ver que invirtieron gran tiempo en este aspecto). En algunos lados soy bien visto, mientras que en otros soy rechazado —esto me hace sentir humano, que no he perdido la coherencia en una tierra que pertenece a todos y a nadie al mismo tiempo. Cada uno tiene una conversación conmigo para cualquier cosa, ya sea para pedirme que realice favores a cambio de dinero, para saludarme, aconsejarme, e incluso si me siento solo puedo ir a jugar cartas a un pequeño bar (el juego cuenta con algunos minijuegos, en este caso un juego de cartas similar a Magic).



Toma tu arma, consigue experiencia y lucha por tu vida
He viajado por Wasteland y realizado suficientes misiones. En mi arsenal ya tengo toda clase de armas, disponibles al girar la rueda intermedia del mouse (sí, lo jugué en PC, como debe ser, por tradición), obvio esto me da ventaja sobre mis enemigos en cualquier situación. Cuento con un rifle de francotirador increíble, un revólver modificado, una escopeta, otra escopeta recortada, una especie de boomerang letal (una de mis armas favoritas), un lanzacohetes, una metralleta, granadas, todo lo que se imaginen. Casi lo olvido, también hay una ballesta.

Es el futuro, más de 2100 años han pasado y aquí estoy, luchando por mi vida equipado con las mejores armas, pero siento ese vacío en mí. Quiero averiguar más acerca de este proyecto llamado Ark del que fui parte. Me pregunto qué sucedió con los demás, dónde están, por qué estoy vivo. Me doy cuenta que no tengo tiempo para detenerme a pensar en este cosas, pues en mi bitácora hay misiones pendientes y dinero a cobrar a cambio, necesito municiones y comida.



Esta lucha es difícil (me refiero a la modalidad difícil) así que debo recoger cualquier cosa que esté en los cuerpos de los enemigos: dinero, municiones y todo objeto que me encuentre a mi camino, como metales, radios, botellas vacías, etcétera. Esto lo puedo vender y con ello comprar armas y municiones, que son escasas (depende la dificultad). Todo gira en base de la economía, cualquier cosa de puede vender, hasta botellas vacías. Todo tiene un precio, la propia vida también.

Tu reputación es la mejor arma
Antes de ser congelado, el mundo giraba en torno a la economía. Han pasado cientos de años o no sé cuántos y aún no cambia la situación; debo de pagar por todo lo que quiero. Además, debo llevar una relación buena con el Alcalde y con el Sheriff de Wellspring y sus ciudadanos, quienes me ayudan a sobrevivir a “The Autority” (La autoridad), una de las facciones hostiles principales. No sé si puedo confiar en la gente o en los cyborgs (gente que tiene miembros de su cuerpo reemplazados con tecnología robótica). Me pregunto dónde estoy y no tengo una respuesta aún.



Mi vida se convierte en un camino que me lleva de A a B y C, con paradas intermitentes. He recorrido búnkers, alcantarillas, hospitales, túneles subterráneos, ductos, una ciudade entera y desolada, pero es DeadCity quien me muestra el verdadero lado de Wasteland. Criaturas diabólicas y experimentos genéticos se me presentan a combatir y no tengo tiempo para reflexionar sobre lo que veo. Matar o ser hombre muerto, esa fracción de segundo es todo lo que cuenta. Bestias de 20 metros lanzándome concreto, bestias con un látigo como extremidad, mutantes, humanos, etcétera. Lo he visto todo y honestamente no sé qué esperar. Sólo quiero salir vivo.

Me detengo un momento, salgo del auto y miro al horizonte (el juego luce espectacular gráficamente, de lo mejor que hay allá afuera, a quien le importe esto (lo jugué en PC, les recuerdo) y es gracias a la tecnología del motor gráfico id Tech5) buscando una respuesta, pero, mi mente sigue en blanco. Lo que me mantiene de pie es mi supervivencia y el coraje por averiguar quién soy, dónde estuve, qué sucedió con Ark y, entonces, comienzo a recordar que todo está relacionado con el proyecto Eden, y, por lo que he visto, creo que alguien que conozco está involucrado y tiene respuestas para mí.



Me subo a mi auto y me dirijo (espero) hacia una respuesta… y seguro alguien en Wasteland la tiene, pero debo encontrarla en algún momento. Mi nombre es… No lo sé, pero aquí me llaman “Stranger” (extraño) y creo que es lo más parecido a un nombre. Mi lucha sigue.

De vuelta a la realidad
RAGE es justo lo que esperaba, lo que todo fanático de id se imaginaba. Es cierto, el problema de las texturas afectó la experiencia, en especial en PC, pero, gracias a los drivers y actualizaciones ya disponibles, esto se ha corregido, no del todo, pero sí considerablemente. El juego soporta modalidad en línea con algunas pocas opciones de juego. Más allá de ser una característica profunda, se siente como algo obligado para no quedar a deber esta opción que ya es casi un obligación en cada juego de esta generación.



Creo que he descrito cada aspecto del juego en “mi aventura” y RAGE es un fantástico juego en primera persona, con elementos de RPG y la opción de manejo de vehículos y toda clase misiones por realizar en un mundo grande que a veces parece no aprovechar bien su naturaleza de sandbox, pues sigue un patrón lineal algo predecible. Sin embargo, es disfrutable en todo momento gracias a la gran variedad de misiones. Son seis años de trabajo, de esfuerzo y de crear una nueva tecnología. RAGE es uno de los pocos juegos de esta generación que veremos con tanto tiempo de producción (junto a otros escasos títulos, como The Last Guardian) y eso es un mérito suficiente, desde mi punto de vista, para que forme parte de la colección de un videojugador. Hablamos de id software, quien ha dejado un legado, y de quien siempre hablaremos en los videojuegos.



El tiempo le dará el lugar que merece este juego. Sé que a muchos no les puede gustar o hará comparaciones inmediatas, pero es la grandeza del estudio lo que lo pone firme ante cualquier situación. Es claro que intentaron ofrecer un juego para un mercado más amplio, pero, al final, después de muchas horas de juego, puedo darme cuenta que es para todos los fanáticos de id Software y sus juegos. Fue concebido para ellos, para nosotros. Gracias id.

(Sé que a muchos sólo les importa la calificación, y no me olvido de ello: Score. 9.0)

Claudio Quiroz
Director de GamersMed!a. Adicto a los videojuegos y apasionado del futbol. En busca de la BFG 9000.