Reseña: Binary Domain

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A mediados del siglo pasado, varios gentlemen ingleses se reunían con asiduidad para hablar de cibernética y electrónica. Se denominaron The Ratio Club y de sus filas surgieron figuras importantes que, tal vez en cien años, serán recordadas como padres de conceptos fundamentales de la robótica y la inteligencia artificial. Uno de esos hombres era Alan Turing. Él predijo que, para el año 2000, una máquina con 120 megabytes de memoria podría engañar a la tercera parte de los humanos en una prueba que hoy lleva su nombre.

La prueba tiene como objetivo conocer la habilidad de las máquinas para exhibir un comportamiento inteligente. Imaginen que están hablando por mensajería con un desconocido en su computadora: si ustedes no descubren que ese “desconocido” es en realidad una inteligencia artificial, ése programa habrá pasado con éxito la prueba de Turing.

Binary Domain plantea un futuro en el que Turing es insuficiente: alguien ha conseguido fabricar robots que son indistinguibles de los seres humanos (conocidos como “Hollow Child”) —no sólo en capacidad de entablar una conversación, sino también físicamente. Si miran por debajo de la capa superficial de un diseño cliché de personajes y un guión no muy bien logrado, podrán encontrar un juego con un sistema de juego muy sólido que plantea preguntas muy válidas sobre la condición humana y que disfrutarán jugar de principio a fin.

Las preguntas bioéticas son difíciles de responder: Si somos capaces de reproducir fielmente la estructura de pensamiento humana, ¿eso significa que el materialismo tiene razón y que nuestra mente puede ser explicada (y reproducida) físicamente? Si un humano es fundamentalmente indistinguible de una máquina, ¿es ilegal “asesinarla”?

Binary Domain se salta de golpe esas cuestiones y mejor se entretiene examinando sus consecuencias a lo largo de su trama. Lo primero que tendrán a la vista son dos gringos estereotipados: el hombre blanco, fuerte, ruidoso y altenero y el afroamericano gigantesco con actitud de ghetto. Resistan la tentación de apagar su consola en cuanto los dos comiencen a vociferar clichés a diestra y siniestra, pues lo que habita bajo esa capa superficial es una trama bien pensada y llena de giros narrativos, además de un sistema de combate que nos recuerda gratamente a Gears of War.

Al insertar el disco en su PS3 (también hay versión para Xbox 360) lo primero que pasará es que el juego se tardará unos diez o quince minutos en instalarse. Una pena. Después, mientras avanzaba en la campaña, noté que en varias peleas contra enemigos gigantes (colosales, más bien) los cuadros por segundo bajaban hasta unos 10 o 15, lo que volvía el título injugable por unos segundos. Aunque jamás morí por culpa de los bajos FPS y estas situaciones se presentaron muy poco, sí fue un factor negativo en medio del fragor de algunas batallas.

Binary Domain se siente muy SEGA y no es para menos: el mismo Toshihiro Nagoshi (creador de la serie Yakuza) es la mente detrás de este título. No sólo la dirección de arte, sino también el control que, aunque está fuertemente inspirado en Gears of War (¿qué shooter contemporáneo en tercera persona no lo está?) consigue, gracias al diseño de niveles, entre otros factores, conservar un sentimiento de originalidad.

El aspecto más original de Binary Domain es el sistema de consecuencias. Aquí es necesario regresar a lo que les había platicado de la prueba de Turing: la pregunta que se plantea no es “¿las máquinas piensan?”, sino “¿pueden las máquinas hacer lo mismo que nosotros (en el entendido de que somos entidades pensantes)?”. Verán: habrá momentos en medio del juego en el que un miembro del equipo les hará una pregunta o les presentará un plan de acción. Entonces ustedes, ya sea con un micrófono o con un botón en su control, podrán responder lo que se les antoje. Cada uno de sus compañeros tiene una personalidad distinta, por lo que responder lo mismo a todos tal vez no sea una buena idea. También podrá pasar que, por caerle bien a uno, pierdas algo de lealtad de otro. Lo interesante es que, según tus decisiones, se activarán algunos eventos durante la campaña o las situaciones de combate variarán. Es curioso cómo los desarrolladores intentaron responder a su manera una cuestión que la trama de su juego desarrolla: la inteligencia artificial y cómo hacer que reaccione igual que un humano.

La pregunta crítica de este sistema de decisiones es: ¿es significativo ganar o perder la lealtad de un compañero? Por desgracia, no he tenido oportunidad de jugar una segunda vez Binary Domain, por lo que la pregunta queda abierta al aire. Si alguien en los comentarios comparte su experiencia de juego, con gusto puedo compararla con la mía. Ésa sería una buena forma de corroborar que nuestras decisiones tengan relevancia en el desarrollo de la trama del título.

Ahora bien, no sólo con decisiones de diálogo pueden ganarse a su compañera o compañero (típicamente, los acompañarán otros dos miembros del equipo). Su desempeño en batalla también cuenta. Por ejemplo, yo fui pésimo para entender con qué respuestas obtener el favor de alguien; sin embargo, mi estilo de juego agresivo me ganaba casi siempre un “¡Wow, qué bueno eres!”. Por desgracia, si le disparas a un aliado, perderás puntos de lealtad. Esto no sería un problema si su inteligencia artificial estuviera a la altura de la situación, pero no es el caso: más de una decena de veces, mientras disparaba, mi compañero idiota se atravesaba y todavía tenía el descaro de decirme “¿necesitas anteojos?”. Debo confesar que más de una vez les disparé a propósito, presa de la impotencia producida por su ineptitud.

La comparación que más van a oír de Binary Domain es con la saga Gears of War. Debo, sin embargo, aclarar dos puntos:

1) Sí, el sistema de combate es muy similar. Sin embargo, así como Super Mario Bros. en 1985 definió las reglas de los juegos de plataformas por los próximos 20 años, el primer Gears of War tuvo un impacto similar en la industria. Decir que Binary Domain (o cualquier otro título de disparos en tercera persona) copió a Gears es una falta de criterio. No dejen que el pequeño fanboy que vive dentro de todos nosotros tome el poder y digan no a demeritar un título sin antes analizar bien el contexto. Yakuza Studio, desarrolladores de Binary Domain, son un equipo japonés más en retomar el largo camino que ha recorrido el género: desde la implementación humilde del sistema de cobertura de KillSwitch (algunos incluso rastrearían la mecánica hasta Space Invaders), pasando por la revolución total que fue Resident Evil 4 y hasta Gears of War, la idea ha evolucionado y dado frutos. Antes de juzgar un título por “copiar” a otro, debemos entender cómo evolucionan los sistemas de combate y cómo la idea ha rebotado entre estudios japoneses y americanos que han aportado su idiosincracia particular y han enriquecido al género de disparos en tercera persona.

2) Ejemplos de juegos que intentaron adoptar un esquema de control o revolucionar las bases establecidas por los títulos ya mencionados abundan. Sin embargo, podemos encontrar no pocos descalabros en la carrera por perfeccionar el sistema: Dark Void, Army of Two, Vanquish (yo argumentaría que éste último no fue un fracaso, salvo en ventas), etcétera. En una era posterior a Gears of War, es difícil hacer un juego de disparos en tercera persona que no se sienta rezagado en términos de diseño de juego y niveles; Binary Domain se siente contemporáneo y consigue destacar por sus propios méritos.

Donde flaquea más el título de Yakuza Studio es en el guión. La trama plantea situaciones muy interesantes e, ideológicamente, es posible sacar mucho jugo a las aportaciones del título al género cyberpunk (como, por ejemplo, la introducción del sufrimiento como un componente fundamental de la consciencia); sin embargo, todo se va al traste cuando algunos personajes abren la boca. Simplemente es difícil ser gracioso cuando no tienes carisma —un pecado que cometen muchas veces tus compañeros de equipo. Mi recomendación es que resistan el ímpetu de quitarle el sonido y los subtítulos al título y sigan jugando: lo anterior es recompensado con una fricción deliciosa al disparar a los enemigos. Estarán volando chatarra verde una buena parte del título, pero hay desde robots pequeños, hasta moles colosales de varios cientos de metros de alto. Cada disparo se siente salir del arma y aterrizar en el enemigo, pues la vibración del control y los efectos de destrucción de los robots están muy bien logrados. Con los oponentes más grandes los desarrolladores consiguieron dar pistas visuales de su estado de vida sin recurrir a una barra de salud. Su armadura simplemente se irá desgastando y comenzarán a hacer cortocircuito. Hasta acabar con un robot común se siente bien debido a la forma en que su armadura se destruye. Mi recomendación: disparen a las piernas de los enemigos, si hay muchos, y no dejen de moverse. Si encuentran uno desprevenido, intenten volarle la cabeza, pues de esta forma comenzará a atacar a sus propios aliados. Tengan mucho cuidado con los robots que se arrastran, pues pueden sacarles un buen susto: no dejen de disparar hasta que exploten.

Binary Domain también añade un sistema de actualizaciones y mejoras. Al acabar con los enemigos recibirán créditos, que podrán emplear para mejorar la capacidad de su arma principal o comprar equipo secundario como rifles de francotirador, lanzacohetes, escopetas, etcétera. Sólo tomen en cuenta que sólo pueden llevar uno, más su rifle principal, una pistola y un tipo de granada. También podrán actualizar el equipo de sus compañeros y las capacidades físicas de todos gracias a ciertos paquetes de mejoras. Municiones, botiquines de primeros auxilios, granadas y demás también estarán disponibles en varias estaciones de compra regadas en todo el juego.

Durante las cinemáticas del título habrá momentos en los que deben presionar cierto botón o mover la palanca análoga. Aunque el sistema está bien implementado, creo que faltó darle un poco más de relevancia en el diseño general del título, pues muy rara vez lo utilizarás. También habrá momentos en los que irás a bordo de un vehículo disparando contra enemigos. Estas secciones son emocionantes y ayudan a darle ritmo al título. También habrá secuencias en las que deberán controlar un vehículo; nada del otro mundo, salvo que, si fallan, deberán empezar desde el principio. Me pareció un buen detalle, aunque algo disonante si tomamos en cuenta que en todas las demás secciones del juego hay puntos de guardado automático.

Pasé un muy bien rato jugando Binary Domain el fin de semana pasado (aproximadamente dos sesiones de cinco horas cada una). Aunque no pude probar muy bien los modos en línea (cooperativo y versus), pues el título todavía no está disponible en nuestra región y es difícil encontrar con quién jugar, las pocas partidas a las que pude conectarme fueron divertidas. Salvo algunos problemas menores de verosimilitud (como un robot que abre la jeringa de emergencia para revivirte con la boca, a pesar de no tener boca…), el título es, en toda la extensión del término, un juego de disparos en tercera persona contemporáneo y bien logrado. Una prueba más de que el desarrollo japonés no está muerto ni mucho menos en decadencia es lo bien logrado que está Binary Domain. Si pueden ignorar los pormenores que ya señalé, pasarán un muy buen rato.

8.5



Jorge Arellano Olvera