PokeWeek: Victory Road: ocho medallas

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feature_pkmn_spatk_victoryroadA Julio Palafox,
two-times national pokémon champion

 

I.

“Elige una vida. Elige un empleo. Elige una carrera. Elige una familia. Elige una televisión jodidamente grande. Elige lavadoras, coches, reproductores de música y abrelatas eléctricos. Elige buena salud, bajo colesterol y seguro dental. Elige hipotéticas con intereses fijos. Elige una primera casa. Elige a tus amigos. Elige ropa lujosa y maletas que combinen. Elige rentar un traje de tres piezas de una jodida amplia gama de marcas. Elige un “hágalo usted mismo” y pregúntate quién demonios eres un domingo por la mañana. Elige sentarte en ese sillón mientras ves programas de concursos, que entumen la mente y aplastan tu espíritu, mientras te metes comida chatarra pinche a la boca. Elige echarte a perder al final, orinándote en un hogar miserable, siendo sólo una verguenza para los jodidos muchachos egoístas que engendraste para reemplazarte. Elige tu futuro.”

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O elige un pokémon.

II.

cerulean-city-pokemonElegir un pokémon fue una de las decisiones más difíciles de mi infancia. Claro que esto no es lo que parece: en mi infancia tuve muchas cosas mucho más difíciles que escoger un pokémon, pero hay que ser sinceros en que hay poco que un niño puede hacer para arreglar su vida. Solía ver televisión y películas, y con el tiempo adquirí el gusto de leer. Todo eso es comunicación unilateral. Nunca he podido responder directamente a la televisión o al cine, mucho menos a los libros. Los videojuegos me dieron la posibilidad de creer que había algo diferente en la interacción entre la obra y el receptor: la ilusión de la libertad total (no hay dioses visibles que empiecen la trama). Hay códigos que nos dicen que no podemos salirnos de los límites del juego, pero también tenemos un control, flechas direccionales y botones de acción que nadie más oprime. Ningún videojuego fue tan severo conmigo como Pokemon. En Kanto decidí serme fiel. ¿Pero qué significa serme fiel? No lo que significa ahora, creo. Pero vayamos por pasos.

Mi primer pokémon fue un Squirtle.

Mi primer pokémon se llamó Mono.

 

III.

vermilion-city-pokemonNo recuerdo la razón por la que tuve mi primer cartcuho de Pokemon. Lo veo ahora de la manera más rara posible: sé que ahora no elegiría la versión azul, sino la verde (que entonces sólo salió en Japón y que se comercializó en el Game Boy Advance con el remake Leaf Green). Con el tiempo, aprendí que me gustaban los campos, los parques y los bosques. Para gustos los colores, dicen, y yo elegí la versión azul. ¿Había un rumor de que el personaje que ilustraba el cartucho era más fuerte que el resto de los pokémon? Quiero pensar que no, pero creo pensar que era un rumor fuerte en la escuela. Todos los que tenían la versión roja habían elegido a un Charmander, que después evolucionaba en un imponente Charizard. No importa, mi Mono le ganaba a cualquier Charizard de la escuela.

En la primaria había dos o tres personas que se tomaban Pokemon muy en serio. Una de ellas, lo sé porque continúa siendo mi amigo, lo sigue haciendo. Los dos eran visionarios leían todo tipo de revistas y páginas de internet, aunque ahora me parece una locura. Cuando empecé a jugar Pokemon no tenía ni idea de qué es lo que hacía el internet, así que la desventaja era obvia. Mi Mono les ganaba a sus Charizards, pero ellos tenían un equipo demasiado fuerte para el mío (Mono, Alakazam, Rhydon, Ninetales, Jolteon y Pidgeot).

 

IV.

celadon-city-pokemonPienso que muchos de mis amigos más cercanos los tengo gracias a Pokemon. Incluso no habría conocido a varias de las personas a las que les tengo más cariño sin los videojuegos y Pokemon es, sin más, mi primer gran trauma. Quizá por eso compro cada entrega que puedo, por eso recorro cada region del mapa como si de eso dependiera mi conocimiento geográfico en el Mundo Real©. No es para menos. No sería el mismo sin todas esas elecciones que he hecho desde hace más de quince años.

Con cada versión del juego tengo una nueva oportunidad de conocer un mundo de personas y otro virtual; una nueva oportunidad de elegir otros pokémon.

Con cada versión del juego tengo una nueva oportunidad para decidir quién quiero ser.

 

V.

Debo ser honesto y decir que hay una persona en particular a la que conocí gracias a Pokemon: Julio Palafox.

También debo ser honesto y decir que esta es una historia que sé de oídas. Lo revivo como si estuviera ahí, pero la verdad es que estaba lejos (como cuando camino en Kanto): era el primer día de clases en la Facultad de Filosofía y Letras, Julio tuvo que presentarse en una de esas dinámicas que los profesores hacen para conocer a todos sus alumnos. Él se paró y dijo una frase que las personas, incluso las que nunca hablaron con él, recuerdan.

“Mi nombre es Julio Palafox y soy bicampeón nacional de Pokemon”.

Eso dijo. O bueno, más o menos. La verdad es que lo dijo en inglés porque era clase de idioma. Tampoco puedo jurar que usó esas palabras, pero quedó claro y seguro para toda esa generación que había un alumno que, orgullosamente, se reconocía como bicampeón nacional de pokémon. Cuando me enteré (yo estaba en otro grupo) no pude evitar sentir mucha curiosidad por él. Así que un día le hablé sólo para preguntarle sobre su pokeincidente. Me dijo la verdad: él no criaba pokémon, él los producía y ganaba con ellos. No puedo juzgarlo mucho, ¿cuántos atletas no toman esteroides? No era bonito, pero así descubrí que el mundo competitivo de Pokémon era mucho menos romántico de lo que fuchsia-city-pokemoncreí. El mundo competitivo de Pokémon era un gimnasio en el que los levantadores de pesas se inyectan para levantar más, un espacio para vender algunas drogas que ayudan al rendimiento físico, un lugar en el que esperas que las autoridades no te cachen.

(Tiempo después me hice amigo de Julio. Él admitió que se equivocó al decidir presentarse así, aunque nunca escondió su gusto. Solía decir que su falta de popularidad con el resto de la generación, con las chicas en particular, es que lo veían como una caricatura. Confundían lo que significaba ser un campeón nacional de Pokémon con un maestro pokémon a la Ash Ketchump. Julio pasó la universidad con el estigma de ser un pokemaniaco. Eso sí: nunca supe, y no quiero averiguar, qué clase de organización avala esos torneos . Cuando lo llego a buscar en internet, sé que hay batallas de él en youtube. Pueden buscarlo en YouTube como Julius Palafox).

 

VI.

Pienso que la vida se trata de intentar llegar a Victory Road.

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Uno decide hacer amigos de la misma manera que decide la forma en la que es, lo aprendí de Pokémon (también saqué mi credencial de Ecobici para irme en bicicleta al trabajo y evito los gimnasios porque pienso que tienen un ambiente hostil en el que todos querrán pelear conmigo). Quizá parezca obvio, pero desde muy chico aprendí que debía caminar para seguir en la vida, que tenía que hablar con medio mundo, buscar rutas alternas, no olvidar que debo regresar a ciertos lugares. No es que sólo yo sepa esas cosas, pero a menudo me pregunto cómo se puede aprender eso sin Pokémon. ¿Cómo lo hubiera aprendido sin viajar por Kanto?

 

VII.

cinnabar-island-pokemonHasta este punto de mi vida siento que he viajado poco. No sé si esa sea la razón por la que mis videojuegos predilectos tengan una clara inclinación al viaje. En Pokémon el desplazamiento es claro: empezamos en un pueblo chico y recorremos toda una region llena de ciudades y pueblos con el propósito de ganar la liga pokémon. Esto sería menos entretenido si la cosa fuera como en Chrono Trigger, donde los personajes, sin perder la idea del movimiento, viajan de un lugar a otro de manera rápida. Mi objetivo en Pokémon nunca es ser el más fuerte, ni capturar a todos los pokémon, sino desplazarme, crecer. Abandono el juego tan pronto se me acaban todos los lugares a los que puedo ir.

Este es uno de los temas más recurrentes en la narrativa: el paso de la adolescencia a la madurez física y mental. Lo que se requiere para dejar de ser uno más del montón: Gawain quiere probar su valía a la corte del Rey Arturo, Emil Sinclair busca algo para creer, Stephen Dedalus encuentra refugio en la experiencia artística, Robin persigue el man’to de Batman, Luke quiere ser jedi. Pokémon bien puede ser el ejemplo gamer por excelencia de un bildungsroman, ese género de las novelas que hablan del crecimiento de una persona, generalmente adolescente, en la sociedad.

Pokémon no es más que la historia de un niño que sale de su casa para encontrar su propio camino.

 

VIII.

Las interpretaciones de Pokemon pueden variar. Donde unos ven un juego competitivo y de peleas, otros ven un RPG. Aún no sé qué es lo que veo o por qué pienso que Pokémon fue determinante en mi vida. No pensé que elegir a Mono fuera una elección con la que tenía que vivir el resto de mi vida, pero es la importancia que uno le da a esos detalles lo que determina la persona que será. Esos detalles pueden encontrarse en cualquier cosa, sólo es cuestión de elegir.

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Yo elegí un pokémon.

Conoce al colaborador

Joaquín Guillén Márquez (Nezahualcóyotl, 1990) es escritor y nintendero. Estudió literatura inglesa en la UNAM. Ha colaborado con reseñas, ensayos y narrativa en diferentes medios. Aparece antologado en Alebrije de palabras. Escritores mexicanos en breve (BUAP, 2013). Es asistente editorial de Tierra Adentro y actualmente es beneficiario del FOCAEM en el área de novela.

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