Feature – El camino al mundial: FIFA Road to World Cup 98

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Con FIFA: Road to World Cup 98 volvieron a mí los recuerdos de la dolorosa derrota en aquel mundial, y de inmediato tuve ganas de probarlo para cambiar las cosas.

Por Arturo Montoya

El fútbol siempre ha tenido para mí el encanto de aquello que no se puede transmitir con palabras. Más allá de las constantes voces de los comentaristas describiendo un partido, recitando anécdotas y estadísticas, reside la magia del juego, el embrujo de lo imposible de un gol, un remate, o el resultado inesperado.  Quizás por eso los aficionados de los estadios prefieren la ira de un insulto bien intencionado al análisis táctico; bien saben que los numeritos 4-4-2, 4-3-3, 5-3-2, son meras formalidades, pues lo importante se hace en la cancha.

Me recuerdo a los diez años jugando fútbol con mis amigos. Motivados por algún partido de la selección mexicana, creíamos necesario participar de su triunfo eligiendo un alter ego a la altura, para vestirnos imaginariamente con el calendario azteca, seleccionado durante el Mundial de Francia 1998 para decorar su uniforme. Entre los favoritos estaban Luis Hernández, con su aferrado gol de último minuto contra Holanda; Cuauhtémoc Blanco, mágico, veloz y contundente, anotando de fantasía contra Bélgica; Marcelino Bernal, gran generador de juego;  Ramón Ramírez, aguerrido y rítmico en el medio campo; Claudio Suarez, el cerebro de la defensa central, y Jorge “el Brody” Campos, carismático y eterno niño. Para nosotros la posibilidad de portar alguno de esos nombres en la camiseta implicaba acariciar la gloria, estar cerca de nuestros ídolos.

Luego de la cascarita, lo natural era volver a la casa acompañado de los más cercanos, para continuar la fiebre mundialista con algún juego en la computadora. El primer gran simulador de fútbol que tuve a mi alcance en esos años fue Actua Soccer, lanzado por Gremlin Interactive en 1995; llegó a mí como parte de los CD-ROM incluidos por la Pentium I de mi padre para demostrar las posibilidades del Windows 95. Sus gráficas en 3D, el sonido ambiental, los goles fantasmas, la fortaleza de equipos improbables (la selección de Arabia Saudita era muy poderosa), los comentarios de Barry Davies de la BBC y –lo mejor de todo– plantillas reales, lo hacían memorable.

Tristemente el destino de Actua Soccer quedó vinculado a ese pasado en que los juegos eran desarrollados con alma y ganas, disipado en cuanto los grandes corporativos aparecieron para dar magnánimos golpes de hardware y software sobre la mesa. Electronic Arts arrasó con las posibilidades de Gremlin Interactive, del mismo modo en que la selección de México fue derrotada por Alemania en los octavos de final.

Luego de un par de años y como por casualidad, conseguí mi primer juego de EA Sports de manos de una amigo distante del fútbol pero amante de los videojuegos; era un gran fan del SNES a quien curiosamente le había regalado un vistoso CD-ROM: FIFA: Road to World Cup 98. Volvieron a mí los recuerdos de la dolorosa derrota en aquel mundial, y de inmediato tuve ganas de probarlo para cambiar las cosas. Instalamos el juego y lo ejecutamos. La primera gran impresión, junto al dinámico video de presentación, fue musical: “Song 2” de Blur, canción himno, canción estandarte, definitoria de la importancia de la banda sonora en los juegos deportivos.

Los siguientes días fueron intensos: explicarle a mi amigo algunas reglas del deporte, introducirnos a la dinámica del juego, coordinarnos como equipo teclado-joystick, asistir y definir grandes goles. En realidad nunca jugamos con los clubs, pues nos enfocamos en hacer carrera con las selecciones; el juego contaba con los 172 equipos nacionales registrados en la FIFA para entonces y teníamos que definir nuestras prioridades, las cuales implicaban clasificar a México al mundial, derrotar a Alemania y hacernos el equipo campeón. La eliminatoria en CONCACAF resultó durísima (la sufrimos casi tanto como la selección real durante este proceso, pasando de repechaje) incluso rivales no considerados candidatos, como Surinam, lograban anotarnos, hacernos partido (ciertamente no éramos buenos, pero nos divertíamos). Por algo levantar la copa del mundo resultó tan liberador.

Hay un par de cosas aparte de la música, que destaco muchísimo de aquel FIFA: Road to World Cup 98 (obviemos la existencia de una modalidad de juego de fútbol sala de cinco contra cinco, antecedente del FIFA Street), las ganas de hacer un juego divertido y accesible, capaz de incluir a video jugadores que no gustaban del futbol real, y la políticamente incorrecta existencia de un comando anti fairplay (aunque el concepto no existía) que permitía realizar rudas entradas, dar empujones e incluso simular faltas, cosas realizadas constantemente sin que el árbitro tomara medidas. Además, cuando alguna apreciación de rigor terminaba en tarjeta, salía una animación de los jugadores reclamando airadamente.

Esa belleza cruda de aquellos simuladores se parece a la pasión futbolística de mi generación: algo tan cercano al color del Toros Neza, a la patada de Comizzo contra Hermosillo en la final León-Cruz Azul de 1997, al vuelo de gaviota de Cantoná con el Manchester United, al gol de Dennis Bergkamp contra Argentina en 1998 o a la magia infinita de una selección como la de Croacia, comandada por Davor Šuker, celebrando el tercer lugar en un mundial. Momentos de lo inefable (el gol picado de Sebastián Abreu contra Ghana en el mundial de 2010) demuestran cómo las nuevas propuestas maquilladas del futbol, y las reciente entregas de FIFA, hoy suelen dejar un hueco: vistiéndose de genialidad únicamente cuando por casualidad el terreno de juego recupera su mística, y se llena con la energía de lo irracional.

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